Por Víct0or Octavio García
Isla Margarita
En memoria de mi abuela Sara García Cota y José Valentín Gaspar. Descansen en paz.
De 1940 a 1945 mi abuela paterna, Sara García Cota, vivió en isla Margarita, en plena II Guerra Mundial. Después que nació mi papá, en 1935, se casó (junto) con un marino de origen poblano que inicialmente fue soldado durante el carrancismo en los inestables años post revolucionarios con el no tuvo familia; después estaría acantonada en varias bases navales como Puerto Ángel, Salina Cruz, Manzanillo, Acapulco, Puerto Márquez, Punta Diamante, Coatzacoalcos, entre otros. Una vida muy dura, de muchas limitaciones. Mi papá estando muy chico, quizás 10 años, la visitita en algunas ocasiones, en aquel tiempo de escasas comunicaciones mi papá se embarcaba en una fragata en San José del Cabo que lo conducía a la base naval donde se encontraba mi abuela, hizo un par de viajes en fragata por ser familiar de un marino en activo. Mi abuela comenzó a conocer otras tierras (estados) sorprendida por lo que veía, para ella que no estaba impuesta ver en estas inhóspitas tierras matas de plátano, café, mangos, guayabos en pleno monte, mucho menos animales como jabalís, armadillos, onzas y jaguares, en ese tiempo La Costa Grande, en Guerrero, aún seguía virgen y escasamente poblada en muchos aspectos, mi abuelo (José Valentín Gaspar) en sus días de asueto o descanso se daba tiempo para salir a cazar, recolectar frutas y acarrear leña en el monte, él si estaba impuesto y conocía esas tierras, era de una zona conocida como “Cañada Morelos”, en Puebla, donde nació en 1900.
Mi abuela tenía muy buen sazón, todo lo que preparaba le quedaba riquísimo, lo malo es que era muy cicatera (coda), hacía la comida medida, justo lo que se comían, no desperdiciaba nada. Aprendió a preparar muchos guisos que aún recuerdo que aquí eran desconocidos como frijoles negros con epazote, chilaquiles con epazote y armadillos, los años que vivió en isla Margarita fueron de gran enseñanza, siendo de Caduaño, distante varios kilómetros de la costa donde casi no se conocía el pecado, mucho menos los mariscos, aprendió a cocinarlos con el sazón tan especial que tenía, estando acantonada en Salinas Cruz la visito mi papá un par de ocasiones, quizás tendría diez años de edad, estaba unos días allá y se regresaba, en una ocasión le regalaron un chango, sí un chango, que se lo trajo para Caduaño, era una novedad, aquí no los conocían salvo en revistas, los primeros días fue de novedad, de asombro, lo buscaban para conocer el chango. Una noche recibió una inesperada visita de gentes de un rancho enclavado en lo profundo de la sierra, era de noche y sin luz, los chamacos prendieron un cerillo para verlo y por accidente el chango agarro fuego y se quemó, fue una pérdida dolorosa e irrecuperable.
En una ocasión me platico mi abuela que estando en isla Margarita sucedió un hecho desgarrador que por días mantuvo en zozobra a los moradores de la isla, incluyendo los marinos acantonados en la base naval, un día llegó a la isla un oficial de la Marina proveniente de Puerto Ángel, Oaxaca, estaba recién casado con una mujer muy bonita originaria de Chihuahua que de inmediato llamó la atención entre los Marinos destacamentados por su gran belleza y feminidad. Los Marinos vivían y se asistían en la base naval, su familia fuera de la base naval en casas de campaña, de cartón negro, de lámina o sencillamente en “parajes” improvisados, así desde los primeros días que llegó el oficial de la Marina a isla Margarita comenzó a tener visitas en su “paraje”, visitas inusuales en aquella lejana isla, sobre todo de Marinos y oficiales de la base naval atraídos por su guapa esposa, el oficial y su esposa eran muy jóvenes, recién se habían casado, ella era de Chihuahua y él de Coatzacoalcos, se veía un matrimonio sólido, estable y feliz, la juventud se imponía. Pasó el tiempo y con el también llegaron las tragedias; un día inesperado llegó de improvisó el oficial a su “paraje”, para su sorpresa encontró a su esposa en su cama en pleno amorío con un marino, él iba con uniforme y una escuadra reglamentaria (pistola) que portaba en el uniforme militar, cuando los sorprendió en plena faena amorosa en su propio lecho (cama), el marino al ser sorprendido se quedó grody, paralitico, esperando la reacción del oficial pensando que desenfundaría su arma y lo mataría en el acto, lo que no ocurrió, le perdonó la vida dejándolo que huyera sin pedirle explicaciones, desenfundo el arma y le pidió a su esposa infiel que se mantuviera quieta y desnuda en la cama, sacó un cuchillo (bayoneta) y le “tasajeó” sus partes íntimas, la mujer quedo moribunda y muy mal herida, de inmediato la atendieron en la base naval y ya que se estabilizó se la llevaron en avión a un hospital militar en la Cdmx, donde fue atendida. El matrimonio se deshizo y la señora, una vez sanada, se fue a Chihuahua de donde era originaria, en tanto el oficial fue arrestado, enfrento un Consejo de Guerra y fue absuelto. ¡Qué tal!.
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