Por Víctor Octavio García
Mis tiempos
* Marco Flavio, el ostionero
Poco antes del 2000 conocí un pescador que con el tiempo me fue muy útil tratarlo en mi época de “wuatero” porque me abastecía de pulpas frescas de ostión cada quince días, se llamaba Marco Flavio, le decían el “ostionero”, nuca supe cómo se apellidaba, sé que era de “Los Llanos de Hiray”, de un campo pesquero de la zona septentrional de Comondú, en ese tiempo entregaba filete de pescado y mariscos en restaurantes y un par de hoteles en Los Cabos, la hacía de “wuatero” después que quede desempleado en la SSA. Me iba bien, no, ,,l más que había que “talonearle” para asegurar el producto, en esa época conocí prácticamente todos los campos pesqueros diseminados sobre la costa del pacifico desde el “Palmar de Abajo” en Todos Santos-La Matanza hasta el “Delgadito” en la Laguna de San Ignacio.
Marco Flavio me abastecía de ostión fresco cada quince días que entregaba sobre-pedido, muy buen ostión, estaba “acampado” entre “El Conejo” antes de llegar a “Flor de Malva”, en su juventud había sido Marino raso en Isla Margarita, nativo de la zona de “Los Llanos de Hiray”, se dedicaba exclusivamente a sacar ostión en las mareas bajas, levantó su “paraje” cerca de la playa con cartón negro, hojas de triplay y pedazos de madera de tarima, recuerdo que tenía como puerta de su cuarto un cofre de carro, sus bienes no eran gran cosa, lo estrictamente necesario, vivía solo, lo acompañaba un perro y un pick up Chevrolet viejo, no tenía panga, tiraba piola de la orilla para su consumo y sacaba almejas, pargos, cochitos y en ocasiones garropas chicas, cada sábado iba un permisionario por los ostiones que a su vez le llevaba verdura, pollo, carne, pan café y arroz, frijol, harina, manteca, cigarros y hielo. Él se asistía de todo, vivía solo, era muy bueno para cocinar, me gustaban mucho el café que colaba, las tortillas de harina que destendía en el comal y el frijol caldudo que guisaba.
Hice buenas migas con él, casa quince días lo visitaba, le llevaba café, pan, verdura, hielo, carne o pollo y cigarros, buen amigo, en ocasiones me quedaba en el “paraje” de un día para otro, cerca del “paraje” a escasos cincuenta metros, hizo un pozo pal agua en una cañada arenosa donde encontró mucha agua a menos de treinta centímetros de profundidad, dulce, limpia, no estaba salobre pese a estar cerca de la playa e incluso la compartía con otros pescadores, el pozo o “batequí” abastecía muy bien sus necesidades, por el agua no tenía problema, el problema era la leña, en esa zona de monte chico es escasa así que tenía que internarse en los “ancones” montosos de “Flor de Malva” a juntar leña de mezquite, uña de gato, palo blanco y troncones de palo colorado, lo único que había en los alrededores del “paraje” y escasas, eran choyas secas y pitahayas agrias que servían muy bien para prender las hornillas.
Cada quince días le entraba con ganas a los ostiones, almejas y machaca de pescado, siempre tenía pescado en el “paraje”, varias veces me regalo pulpas enteras, pescadores amigos de él que tenían panga lo invitaban a pescar cuando las mareas no eran buenas para el ostión, los ostiones los preparaba de tres formas; en la piedra con limón y salsa huichol, empanizados y asados en las brasas, las almejas como cayeran, fueron días de disfrute que no le envidio a nadie, en la noche cuando me quedaba a dormir en el “paraje” preparaba machaca de mantarraya seca o de venado que en ocasiones le regalaban, le daba muy buen sazón a la comida, amasaba tortillas de harina, colaba café y freía frijol, unos reverendos manjares, eso sí tenía que ir avituallado con ranitidinas por aquello del reflujo.
En el “paraje” tenía varios refrigeradores viejos en la sombra donde apilaba los ostiones en costales (arpillas) y los tapaba con una cobija mojada, los vendía por arpilla, mataba los que nos comíamos en el “paraje”, es muy difícil manejar el ostión fresco, se deshidrata rápido, se hace agua, hay que manejarlo en agua hielo o bien enhielado, que no le falte el hielo, tenerlo vario tiempo incluso en agua hielo se “abomba”, es un producto muy delicado para manejarlo, eso lo aprendí en mis tiempos de “wuatero”. En 2003 que cambie de giro deje de ir con él, ya no lo volví a verlo. En 2009 me entere que había muerto, al parecer tuvo un accidente en el carro y se fracturó una pierna que se le infectó por falta de atención médica. Descanse en paz en buen Marco Flavio, amigo de una y no dos veces.
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