Por Victor Octavio García
Mis tiempos
* El Bocho
Cuando comencé a visitar al “Prieto” Sosa, en el rancho El Aguajito de Moreno, lo que se repitió dos o tres veces a lo largo de varios años, encontré un amigo “acampado” a 70 o 80 metros de la casa, un señor quizás de algunos 60 años, delgado, espigado, se veía correoso, muy sufrido, harapiento, sucio y con barba, parco en el hablar, -de esos que no dan ni los buenos días-, introvertido y huraño, rehuía verte a la cara. Donde estaba “acampado” hay un “limpio” donde duerme el ganado en la noche, justo en la parte alta de la loma antes de descolgar por la cañada donde se encuentra la casa del “Prieto”, tenía tendida una cobija vieja como sombra amarrada con mecates, un cojín donde dormía a ras de suelo, un pequeño “atizadero”, un par de ollas y un sartén tiznado, no tenía sillas, mesa ni perro, solo en medio de la nada. Antes de conocerlo lo había visto en la carretera con una mochila en los hombros, pensé que recogía vasos en la carretera.
Un día le pregunté al “Prieto” quién era, solo encogió los hombros y me dijo, sé que le dicen “Bocho”, no habla, aquí viene al agua en botellas de refrescos de plásticos, saca del pozo y se va, un día le ofrecí un taco (comida) y café y no quiso, ya no le ofrezco nada. Al principio cuando recién llegó lo fui a visitar, ni siquiera me miro, le dije que se “juera” pal rancho que haya hay mejor sombra, está cerca del agua y hay cocina pero no me contesto, lo único que me pidió que vendría por agua, está loco me remató.
Y algo había de eso, al pasar por el lugar donde estaba “acampado” rara vez se veía, en el día salía a caminar con una vara gruesa de palo de arco, en la noche se veían solo las brasas en el “atizadero”, muy extraño, un día que fui a recoger una leña que tenía cortada el “Prieto” apilada a un lado de la brecha que va para La Antena lo encontré, le pregunte que se le ofrecía, si quería un “raite”, no me contesto, siguió caminando. ¿De qué vivía?, ¿Qué comía?, ¿De dónde era?, ¿Qué hacía?, ¿Cómo se llamaba? hasta hoy es un misterio para mí, el “Prieto” tampoco tuvo mayores razones de él excepto que le decían “Bocho”, hace muchos años que no volvió, probablemente haya muerto.
En ese tiempo recién había leído “El Lobo Estepario” de Hermann Hesse, me impacto mucho, traía presente la narrativa del libro, así que no dudé de compararlo con un “Estepario”, no era propiamente el que convivía con lobos sino con la soledad y su fatiga, un tipo raro. El “Prieto” me juntaba leña de “uña de gato”, muy buena leña, la apilaba a un lado de la brecha del carro y me decía dónde estaba, yo iba a recogerla, la subía a la caja del “andariego” mientras el “Prieto” se quedaba en el rancho en la ordeña y quebrando la leche. En una ocasión, después de subir al carro tres cargas de leña me dio por dar por caminar sobre el cerro de “Carlos”, llevaba la “pochita”, una 30/30 Winchester y 5 tiros útiles, comencé a rodear el cerro desde la parte de arriba a ver si veía un “hijuelachingada” (venados) -a los Gajón de la Toba les gustas mucho caminar ese cerro-, que además es una zona que hay que tener mucho cuidado, como es paso del borrego “cimarrón” también se meten muchos “liones” (pumas), después de rodear el cerro y no ver nada salvo los cerros de El Sauzoso, me senté a fumarme un cigarro cuando de pronto detecté en la parte plana un puntito negro que se movía, inicialmente pensé que podía ser venado o ganado, en la medida que se aproximaba donde yo estaba vi que no era venado ni ganado sino una persona, y esa veredas los únicos que las caminan son el “Prieto” Sosa y los venaderos viejos, el “Prieto” no era, estaba en el rancho, ¡increíble!, era el “Bocho”, de dónde venía, quién sabe, que andaba haciendo, quién sabe, todo un misterio, le platique el “Prieto” donde lo había visto, hizo una mueca, pego un pujido y me contesto, está loco ese cabrón, no tienes idea donde lo he encontrado, en la sierra de Las Tarabillas, camina un chingo, no trae armas solo un cuchillo, ni perro, en veces se van los de aquí pal monte.
Varias veces me tocó pasar en la noche, siempre rodeado de ganado que pasaba la noche en el “limpio”, apenas se divisaba entre el ganado las brasas prendidas en un fogón del “atizadero”. Varios años antes que muriera el “Prieto” Sosa no volvió, así que pensamos que había muerto, de él no tenemos más registros solo que le decían el “Bocho”, el “Estepario” del Aguajito de Moreno. ¡Qué tal!.
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