No eres tan especial, sólo fuiste el primero en tratarme bien.
Por: Psic. Miguel Negrete Gil.
IG/FB: @psic.miguelnegrete
Te preguntó cómo llegaste a casa, recordó algo que le contaste hace dos semanas y te escuchó hablar de tus problemas sin revisar el teléfono. Tres semanas después estás convencido de que encontraste a una persona extraordinaria, emocionalmente irrepetible y posiblemente enviada por el universo. Tu mejor amiga pregunta qué tiene de especial y respondes, profundamente conmovido: “Ay manita, ‘esdeque’ me trata rebien”.
Y claro que eso importa, pero lo interesante es descubrir cuándo empezamos a considerar extraordinario algo que debería ser bastante común.
Cuando hemos vivido relaciones marcadas por indiferencia, rechazo, afecto o intimidad inconsistente, recibir atención puede adquirir un significado especialmente intenso, no solamente disfrutamos lo que alguien hace por nosotros; también experimentamos el contraste con aquello que anteriormente nos faltó, y un gesto cotidiano puede sentirse inmenso cuando llevamos demasiado tiempo acostumbrados a recibir poco…o nada.
La psicología ha estudiado cómo nuestras experiencias afectivas y expectativas influyen en la elección de pareja. Souza y Machorro (2023), en un artículo publicado en la Revista de la Facultad de Medicina de México, aborda la idealización y el papel de los antecedentes relacionales en los vínculos amorosos, y una de las dificultades que describe aparece cuando dejamos de percibir a la pareja como una persona completa y comenzamos a evaluarla desde una imagen excesivamente idealizada.
Aguas: agradecer que alguien nos trate bien es saludable, pero convertir ese trato en prueba suficiente de que encontramos al amor de nuestra vida, no tanto.
A veces confundimos compatibilidad con alivio, entoncesalguien llega, nos ofrece tranquilidad después de años de incertidumbre y asumimos que esa sensación demuestra que es la persona indicada. Pero sentirse seguro, aunque importante, no responde automáticamente otras preguntascomo: ¿compartimos valores?, ¿podemos resolver desacuerdos?, ¿existe reciprocidad?, ¿me gusta realmente esta persona o me conmueve profundamente cómo me hace sentir? Y esto no significa que quienes han recibido poco cariño sean incapaces de reconocer el amor auténtico,tampoco que toda relación intensa esconda una carencia emocional. Significa que nuestra historia puede influir en aquello que valoramos y en la velocidad con la que atribuimos cualidades extraordinarias a alguien.
Y aquí aparece una contradicción incómoda (ajá, de esas que me encantan): cuando hemos normalizado vínculos donde tenemos que suplicar atención, una persona que ofrece afecto sin hacernos sufrir puede parecernos excepcional pero lo triste, LO REALMENTE TRISTE, no es emocionarnos ante ese cuidado, sino descubrir que nuestras expectativas habían descendido tanto que la consideración más elemental comenzó a parecernos un lujo. De nada.
Tal vez madurar afectivamente también implique aprender a distinguir entre alguien verdaderamente compatible y alguien que simplemente representa una experiencia distinta de lo que conocíamos, porque recibir cariño después de mucho tiempo sin él puede sentirse como encontrar algo extraordinario, pero no deberíamos necesitar pasar hambre para reconocer una buena comida.












