Por Víctor Octavio García
¡Y es hembra la jijadelachingada!
Corría la década de 1970, La Paz más que una ciudad tenía las características de un rancho grande, todos o casi todos nos conocíamos, nos saludábamos y rara vez pasaba algo, y cuando pasaba el mitote se comentaba durante varios días, en ese tiempo los paceños, entre los que me incluyo abrevábamos en muchas costumbres que hoy son anécdotas como “corretear la lluvia”, ir a las ciruelas del monte al Mogote, tirarle tarraya a las camarones en los manglares y esteros de Pichinlingue, ir a las almejas al Comitán y a Costa Baja, tirar piola en el muelle fiscal, comprar pescado (pargos y chopas) y caguama que vendían en palancas en la calle, tacos de aserrín (pescado) con don Samuel, empanadas y licuados de plátano con el Talismán, tacos dorados con don Cándido, trolebuses y hamburguesas del Jeycla, botanas en bar Perico Marinero y muchas costumbres que nos dieron identidad que hoy forman parte del anecdotario.
Loreto Olachea, viejo y experimentado “venadero”, Francisco “Paco” Munguía, jefe de compras de servicios públicos, Julio Robles, jefe del taller mecánico de servicios públicos y Manuel “Ciclón” Echeverría”, jefe de una cuadrilla que barrían las calles, un día se les metió en la cabeza de ir a buscar un venado, tal como lo hacían muchos paceños, Loreto era venadero los otros no, “Paco” Munguía que según él se las sabia de todas, todas, agarraron monte en busca de una buena presa; ese día caminaron toda la mañana, iban bien avituallados con armas, lonche y agua, durante la caminada “Paco” Munguía no dejaba de presumir y fanfarronear sus glorias de “venadero”, sus exitosas estrategias de caza, sus señuelos y por su puesto de viejas veredas, “parajes” y atajos, en ese se internaron en un arroyo en la zona del Pedregoso, zona que conocía muy bien Loreto Olachea, al entrar a un ancón enmontado comenzaron a ver “juellas” fresquecitas de venado, las siguieron hasta que llegaron a un sombroso ciruelo del monte había estado “sesteando”, dejo bullingas y una zona mojada en la tierra donde orinó, cuando “Paco” Munguía se dio cuenta corrió a revisar el lugar donde había “meado”, se inclinó, agarró con la mano tierra mojada, la olió y exclamó. ¡Y es hembra la jijadelachingada!.
Cierto o no la expresión de “Paco” Munguía quedo para siempre en el anecdotario como parte de un “venadero” que no era “venadero” cuando La Paz era un rancho grande. De todos ellos que por fortuna traté y conocí guardo imperecederos recuerdos, más de Manuel “Ciclón” Echerria, beisbolista sinaloense que hizo historia, un hombre mayor, espigado y correoso, muy buena persona, empático y platicador, fumaba mucho y le gustaba mucho el café. Recuerdo que cuando iba para el sur y me regresaba el mismo día lo invitaba para platicar en el camino y no ir solo, en ese tiempo tenía un automóvil Dodge Dart 1968, 6 cilindros, con el motor acostado, muy económico. Estaba enterito, cleam, donde llegábamos siempre nos brindaban café, el “Ciclón” Echeverría siempre traía un bote de Nescafé en la mano, lo sacaba de inmediato y le echaba una o dos cucharadas de Nescafé a la taza de café, me decía que le gustaba el café “juerte”.
A Loreto lo trate y conocí muy poco, con Julio Robles como jefe del taller mecánico de servicios públicos municipales me tocó hacer varios viajes por la zona serrana del norte de La Paz, en las avanzadas de las giras de tres o cuatro días que hacían los presidentes municipales, él se encargaba de llevar gasolina, diésel, herramientas y llantas de repuestos, con él viaje varias veces por la zona rural de La Paz, tenía mucha comunicación con él, yo fungía como jefe de compras del Ayuntamiento de La Paz, casi todas las giras que realizó el Dr. Francisco “Lico” Cardoza, Matías Amador y Enrique Ortega acompañe al “maistro” Robles, gente de mucha confianza, mecánico de los de antes, hombre honesto.
Todos ellos ya murieron y con ellos se fue parte de la historia cuando La Paz era un rancho grande, La Paz del Tostón y Peso, de las Marineritas del Teterete, del Ancla, la Umimás, la Primavera, el Baratero Cumbre y doña Auxilio y tantos recuerdos más que escapan de mi marchita memoria. ¡Qué tal!.
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