Por Víctor Octavio García
* Mis tiempos
* Mis “acampadas”
En 1990, hace 36 años, cuando comencé “acampar” y dormir en el monte prácticamente me reinvente, concebí otra percepción de la vida y desde luego reforcé mi amor por la naturaleza, no es tanto la cacería sino salir y hacer cosas diferentes, experimentar nuevas experiencias que me han permitido, con el paso del tiempo, abrevar en mi vejez con un sentido más profundo, destrezado y más humilde de la vida: La universidad me enseño contenidos, mi gusto por andar en el monte me enseñó a disciplinarme y ordenar mi temple, al fin irreverente y espíritu de contradicción; atrabancado y arrojado.
Hoy estoy en condiciones de trasmitir ese lento y fecundo cambio que se inició hace 36 años, no me siento más sabio pero si con más experiencia, más corrido, con más calle que aquellos abrevan en la lectura y en el confort de leer best seller; la diferencia de leer los cuentos de Hopalong Cassidy, Chanoc o Memín Pínguin me brindó consistencia, más vagancia e incluso mayor creatividad, al menos ese ha sido mi caso que sin ser escritor ni intelectual me atrevo a escribir libros y publicar relatos costumbristas.
Gracias a mis gustos por el monte he conocido mucha gente, hecho grandes amigos, conocido otras caras y otros lugares, he disfrutado otras comidas, he aprendido lo fugaz de la vida, transformar lo intrascendente en trascendente, abrirse a la imaginación y disfrutar la soledad. Admito que para mí ha sido una terapia natural salir al monte por mi sordera y mi carácter introvertido, huraño, tímido. Las primeras veces que dormí en el monte fue con mucho recelo (miedo) imaginándome peligros que si los hay rara vez se presentan, hoy con el paso del tiempo, después que pase muchos miedos sostengo con absoluta certeza que el lugar más seguro para dormir es el monte, cierto, hay que cuidarse de las chinches, alacranes y arañas, fuera de eso no pasa nada.
He pasado hambres, cansancio, agotamientos, sed, calores y fríos, chubascos, días nublados y sin sol, días con vientos (colla), mañanas con sereno y bruma, he asimilado muchas cosas no solo de la vida silvestre sino de las climas y estaciones del año, la tierra árida con los vuelos rampantes de los pájaros azules, el chiflido de las zorras, el aullar de los coyotes, las burucas de las lechuzas, los bramidos de las reses y el relinchar de las bestias, de igual manera he disfrutado los frutos que nos brinda el desierto, las pitahayas, las ciruelas del monte, los guayparines, las bolas de cardón, los capullos de biznagas, las cacachilas, dulce de magueyes horneados, las palomas, liebres, chacuacas, conejos, venados amén de ricas machaca de burro, hueveras de dorados, carne de víboras, cochitos y chopas asadas, machaca de mantarraya y jureles, guisados de gatos monteses, sopa de aletas de caguama, caguama de mil forma, panzas de marlín y buches de garropa, entre otras.
La cacería es y ha sido un pretexto para tirar a andar, en la cacería no siempre se tiene suerte, hay veces que el pato nada y en otras que ni agua toma, cuando aprendí de remediajos naturales y lo que me han contado despertó en mí una vocación apagada de convertirme en brujo o yerbero, convivir en los ranchos, conocer al auténtico ranchero sudcaliforniano que en medio de las vicisitudes ha vencido el desierto, ha sido un abrevadero constante de nuevas enseñanzas, de nuevos aprendizajes que en ninguna escuela enseñan.
Desde siempre me ha gustado el monte, de haber decidido mi destino hubiese deseado ser ranchero o ganadero, disfruto mucho la soledad, el silencio y la paz interna como disfruto la vida salvaje en su medio natural, los cambios de estaciones y los paisajes que solo se ven en BCS.
De aquel equipazo formado por el “Pilarillo” Almaraz, el “Vidorria” Manríquez, Enrique Beltrán y un servidor, de tantas andanzas y acampadas en el monte, de infinidad de anécdotas y experiencias vividas, me hubiese gustado rendirle un homenaje a todos con los que he compartido mis gustos por el monte; Isidro Ruiz, Ángel Gajón, Chichi Amador, Pasy Real, Toño y el Pelón Martínez, Rufino Camacho, “Juan Vaquero”, el “Coyote con frío”, el “Cachucha miada”, el “Poco Lonche”, Chino Yuen, Jesús Cota, Victor Tarango, Yayo Geraldo, Nicho Búrquez, Victor Guluarte, Manuel Meza, Firmato Cota, Prieto Sosa, Ricardo “Chapito” Lara, el “Arepa”, Pedro Arce, Cuto, Felipe, Teno y Rigo Sánchez, don Pablo Sánchez, don “Tachito” Saiza, Julián Ornelas, Armando González, el “Chivo Loco”, el “ Chibichanga”, Valentín Ojeda, Lizandro Rodríguez, el “Chucho” Ganelón, Jorge Ochoa, Doctor “Titi” Carballo, Rigo Carballo, Gordo Almaraz, Raúl Olachea Jr. Raúl Pedrín, Raúl Olachea Lucero entre otros, algunos que ya se nos adelantaron en el camino sin retorno mi gratitud permanente y mi mano amiga extendida, que el Señor los bendiga siempre.
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