Por Victor Octavio García
* Boca de la Sierra
Boca de la Sierra, la tierra de mi abuelo paterno, Rafael Collins Collins, desde que conocí y que tuve uso de razón me ha gustado, me identifico y conecto fácilmente, no sé sí es porque vivan muchos parientes tenga un significado especial para mí, papá me llevaba seguido cuando visitaba a mi abuelo y ya después iba por mi cuenta, estaba muy chamaco, quizás 7 u 8 años, cuando había verdura (famoso el tomate bola) mi mamá rentaba a razón de cinco pesos una mula a don Alfredo Castro y en ella iba a la verdura, en ese tiempo aún no había carretera salvo la brecha que corría de La Paz a San José del Cabo, poco tráfico de carros, llegaba temprano a la sierra, mi abuelo cortaba verdura y en dos sacos de ixtle la amarraba en las ancas de la mula y hay voy de regreso, sobre el camino disfrutaba el rico olor que emanaban las hojas verdes de cebolla, me encantaba hacer estos mandados aunque no era muy seguido, más de las veces acompañaba a mi papá en carro.
Recuerdo que varios de mis tíos que hoy son abuelos aún no se casaban. vivían en casa de mi abuelo en un cuarto de paredes de ladrillo y techo de palma, años después una vez que se casaron el cuatro fue utilizado para guardar arados, palas, mecates, fertilizantes, semillas y monturas. Cerca de la casa había varios tapancos de horcones gruesos de palo zorrillo y brasil donde hacían los almácigos del tomate y chile verde que después trasplantaban, en ese tiempo llovía temprano y mucho, no tenían problemas con el agua, mi abuelo tenía una huertita dentro del solar de la casa donde había muchos toronjos, mangos criollos y guayabos que eran regados con agua del canal que caí en una pila que le servía para almacenar agua. Recuerdo que fue el primero en Boca de la Sierra en sembrar aguacates hass, tenía una plantación importante de ciruelos amarillos, sus tierras donde cosechaba y ganado, poco con el que se ayudaba. Él hacía queso en época de secas, y en tiempo de lluvias soltaba el ganado, decía que en la época de secas nadie hacía queso, mantequilla, requesón ni tenían leche fresca, que era cuando mantenía el ganado, además tenía razón. Los años le dieron experiencia y sabiduría que le permitieron ser visionario y precavido, lo recuerdo con mucho cariño y admiración.
El “viejo” Collins como lo tuteaba mi papá, como todo un Collins tenía su “metalito” (carácter), carácter indomable, terco y corajudo heredado por mi papá, mis tíos Rafael y Santiago y mi primo Silvestre. Con los limones agrios también desarrolló una técnica que le daba resultados, antes de que los limones echarán azar les quitaba el agua, no los regaba, cuando iban a soltar el azar les ponía el agua día y noche, los limoneros parecían cerezos en flor, se llenaban de flor y azar y cultivaba limones cuando nadie tenía, creía mucho en los ciclos de la luna que le daba un profundo conocimiento de las lluvias, de las años que serían buenos o no, con el tiempo, con el pasar de los años, cuando dimensioné y valoré al “viejo” Collins, muy de su época, forjado en medio de grandes sacrificios, limitaciones y sufrimientos. Me compartió varias de sus vivencias, sobre todo cuando vivió en la sierra en “cambiaderos” de ganado, su vida fue prolífica a lo largo de 88 años, vivió sus tiempos con sus altas y bajas, aprendió y compartió sus experiencias con su familia que hoy es una familia de bien, trabajadora y comprometida con su tierra de la que me sienten profundamente identificados, en lo personal me siento orgulloso de formar parte de esa estirpe de barbados llegados de las tierras nórdicas del norte del Reino Unido, (Inglaterra), no heredé ninguna de sus cualidades ni aptitudes, de ahí que mi compromiso moral de darles trascendencia a sus experiencias e historias que la mayor parte quedan en el olvido. ¡Qué tal!.
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