Por Víctor Octavio García
* Perro prieto
En más de treinta años que disfruté las “parajeadas” como aprendiz de cazador y oficial de nada, vi tantos paisajes, viví momentos únicos, recreé mi imaginación y gusto por la soledad, el silencio, la paz interior y mi amor por la naturaleza, hoy en franco retiro de aquellos lances, algunos intrépidos y otros fríamente calculados, disfruto de los tiempos idos con el solo hecho de recordarlos. La vida va!.
Y fue en una de esas ocasiones que nos pasó un hecho al que nunca le encontramos una explicación que nos satisficiera, en ese entonces hacíamos equipo Pilar “Pilarillo” Almaraz, Victor “Vidorria” Manríquez y este descamisado, éramos algo así como “Los tres chiflados”. Todos los fines de semana, el “Vidorria” y un servidor íbamos pa’ Tierra Santa, normalmente los viernes en la tarde para dormir allá y otro día salir a caminar, en ocasiones caminábamos sábado y domingo, todo dependía como nos “juera”, el “Pilarillo” es un verdadero lión para la carne, cuando no come carne se pone de mal humor, corajudo y regañón, en lo personal me es indiferente comer o no comer carne, de hecho me gusta y prefiero más la carne de res incluyendo la machaca, eso de salir era porque disfrutaba cuando uno anda en estos trotes.
Ese día (sábado) a las cinco de la mañana partimos de Tierra Santa, donde caminaríamos queda retirado del ejido, quizás unos 20 kilómetros, así que teníamos que irnos en carro, la zona que caminábamos que son zonas muy venaderas, en los rescoldos y faldas de los cerros del “Condeno” y varios ancones en la parte plana, en ese tiempo había mucho venado. Íbamos bajando la mesa de “La Ballena”, apenas estaba “aclarando”, cuando de pronto nos comenzó a seguir un “perro prieto”, nos fue siguiendo un buen trecho, al llegar al arroyo del “Condeno” detuve el carro y me baje, le abrí la tapadera de la caja del pick up para que se subiera y se amachó, no quiso subir, le puse agua en un traste que improvise y se la tomó, llevaba varios burritos de mantarraya y de frijol con queso envueltos en una servilleta de trapo, le di dos burritos, cuando me vio el “Pilarillo” que le estaba dando burritos me dijo, “Lastima, no le des” y le conteste, “no te preocupes Pilar, son burritos de los míos”. El “perro” nos siguió un buen trecho hasta que desapareció, era un perro cruzado con dobermán, yo no conozco de razas pero se veía que no era un perro chinampo, curiosamente no estaba flaco ni hostigado, ¿Qué comía? ¿Qué hacía ahí? ¿De dónde era?, fueron las interrogantes que nos planteamos. No hay ranchos cercanos con excepción del “Condeno, rancho de los Carballo, que queda varios kilómetros distante de la zona. A eso de las dos de la tarde, de regreso a Tierra Santa, salió sorpresivamente de entre el monte, los siguió varios kilómetros y se perdió. Lo anecdótico ocurrió un mes después, la segunda y última vez que lo vimos.
Al siguiente mes repetimos la hazaña con los mismos de siempre y a la misma hora de siempre, el “perro prieto” salió del monte, de la nada, y nos siguió, trate de que se subiera a la caja del pick up y nomás no, le di agua y un barrilete que me lleve expresamente de Tierra Santa, nos siguió y de nuevo se perdió en el monte, cuando comenzamos a caminar escuchamos ladridos que provenían de una cañada, escuchamos un buen rato hasta que se silenciaron los ladridos, nunca nos imaginábamos lo que había sucedido, el “perro prieto” siguió un venado hasta que lo cansó y lo mató, el perro se regresó a encontrarnos, paraba las orejas, olfateaba y se encaminaba delante de nosotros y ladraba, lo seguimos como cerca de dos horas justo hasta donde estaba muerto el venado. ¡Increíble!. Resulta que el “perro prieto” era mejor cazador que nosotros, nos salvó el día. Esta anécdota la reservé durante varios años de no publicarla excepto platicársela algunos “venaderos” por la sencilla razón que nadie me iba a creer como seguramente nadie me va a creer, de por si los cazadores tenemos fama de mentirosos.
Solo en dos ocasiones vimos el “perro prieto” y nunca más lo volvimos a ver, después de recorrer la brecha en innumerables ocasiones. ¿Qué pasó, no sabemos, o acaso fue una premonición de lo que hoy está pasando que se acabaron los venados?, no hay. Sea lo que haya sido es y fue un hecho que nos dejó intrigado sin encontrar respuestas. En fin, la vida es un misterio. ¡Qué tal!.
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