Por Víctor Octavio García
Mis tiempos
* De lobo estepario
Cuando vi la serie televisiva del “Lobo Estepario” me impresionó mucho, la trama me impacto quizás por mi forma de ser y mi carácter introvertido y tímido; yo mismo me autodefino como impredecible, tomo decisiones reposadas y en ocasiones atrabancadas, al fin espíritu indomable.
Hace poco menos de 15 años traía muchos problemas que no resolvía, me traían agobiado, me sentía con las pilas bajas, de mal humor, estresado y deprimido, un día decidí tirarme a perder dos días, urdí una salida pal rancho del “Prieto” Sosa, era solo un pretexto, en realidad, como finalmente ocurrió, quería estar solo, rumiar mis problemas, así que me preparé con lo estrictamente necesario para “acampar” dos días en el monte, en medio de la nada; me avitualle con la jarra y calentadora de agua para colar café, café molido, azúcar, algo de verduras, un par de naranjas, mis tendidos, pedí prestada una carpa pequeña, mi suegra me presto un tibor de cien litros para llevar agua, compre frijoles de lata (de la costeña), huevos, machaca, queso, jamón, tortillas de harina y suficientes cigarros, la idea era llegar con el “Prieto” a pedirle prestado un perro que tenía muy bueno, en veces me lo llevaba pal monte porque caminaba a la par conmigo, no se adelantaba ni se atrasaba, buen perro conocedor del terreno, Christian me había regalado una lámpara de gas Coleman que alumbraba muy bien sin faltar la 30/30 con diez cartuchos útiles (la pochita) e hice la salida.
Al mediodía llegue al rancho del “Prieto” Sosa, solo le acepte un café y le dije cuál era mi plan, le pedí prestado el perro, un traste, jabón para lavar los sartenes y un rastrillo. Desde que entre a la brecha me olvide de mis problemas y comencé a disfrutar el paisaje, de vez en cuando me paraba a cortar pitahayas agrias y ciruelas del monte, clima un poco sofocado, comenzaban a caer los primeros aguaceros, así que llegue a buen tiempo donde levante el “paraje” fue en la mesa del “Valiente”, relativamente cerca de la “Cueva de la vieja” donde queda agua retenida de las lluvia durante varios meses en una poza de tepetate, hice el atizadero y baje unos leños que llevaba del rancho del “Prieto” Sosa, para esto había comprado croquetas sueltas para el perro, así que esa tarde colé café y cene unos burritos de frijol con queso que llevaba, esa tarde no salí a caminar, lo deje para el día siguiente; una pequeña mesa y una silla replegable, ya que colé café me senté a tomar café y comerme los burritos, y esperar la hora para acostarme, cargue la 30/30 que, junto con el foco de mano, los puse en la cabecera donde me acosté, el perro lo amarré en el brazo de una uña de gato donde colgué la lámpara Coleman, le puse agua y croquetas y me acosté, mi audición aún estaba buena y mi salud también, en la madrugada me despertaron los ladridos del perro, con el foco de mano revise en los alrededores del “paraje” sin ver nada, solo escuchaba una “buruca” como sí hubiese gente platicando, me dirigí al lugar donde se escuchaba la “buruca” y resultó ser una lechuza que desde muy temprano volaba a ras del “paraje”. Ya que la vi me regrese al “paraje” para seguir durmiendo, le arrime más leña al “atizadero” para que duraran las brasas para en la mañana, la noche fue tranquila, refresco un poco en la madrugada no obstante que el ambiente estaba sofocado.
Temprano me levante a revivir el “atizadero” y colar café, tomé café y el que quedo lo guarde en un termo, desamarre el perro, me colgué en los hombros la 30/30 y salí sin rumbo fijo, quería caminar, disfrutar el monte que comenzaba a brotar y olvidarme de mis problemas, ese día caminé hasta la una de la tarde sin ver nada, salvo ganado y una manada de burros mesteños, ese día tampoco salí a caminar en la tarde, me quede en el “paraje” donde preparé machaca de res con frijoles refritos de lata que me supieron a gloria, noche tranquila, muchos grillos y bramidos de ganado, fuera de eso el desierto, la soledad y yo en franca sintonía. El tercer día repetí el mismo recorrido del día anterior por otra zona, para esto me sentía más tranquilo, reposado y menos agobiado, eso sí un poco cansado, ese día por la tarde hice mi regreso después de haber disfrutado al máximo dos días en el monte conviviendo con el desierto, la soledad y mis problemas, fue una experiencia inolvidable que me traen gratos recuerdos, experiencia que me gustaría repetir antes de que me vaya. Moraleja, no hable mi conviví con lobos como en la serie del “Lobo Estepario” más que conmigo mismo y la soledad, los problemas no los resolví pero remonté la crisis ¡Qué tal”.
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