Por Víctor Octavio García
Mis tiempos
* El brujo
En la década de los 60’S viví mi infancia, una infancia sana con limitaciones pero muy feliz. Me tocó cuando en mi tierra (Caduaño) no había agua potable ni luz eléctrica, no había trabajo y las comunicaciones eran escasas y malas, había mucha escases de productos básicos (canasta básica); un radio de 9 bandas donde sintonizábamos la XEW, “la voz de América Latina desde la ciudad de México” y estaciones de radio de la contracosta, principalmente del estado de Sinaloa, eran nuestras fuentes de información y entretenimiento, escuchar la novela del “Chucho el roto” y el Dr IQ formaban parte de nuestros pasatiempos diarios, no había refrigeradores ni televisiones, comíamos verdura, carne y frutas cuando había o en la estación, nos aluzábamos con lámparas y faroles de petróleo, el frijol, arroz, azúcar, café, harina y manteca la vendían a granel, no venían en bolsas como ahora, los refrescos los tomábamos al tiempo; Orange, Titán y Pepsi, la manteca la vendían a granel, venía en cunetes de 20 kgs, había que llevar un bote, no había café molido ni tostado había que tostarlo, muchas comidas las conocí y deguste de grande como los mariscos, carnes asadas, pescados diversos, aun así no me quejo, fui feliz, inmensamente feliz.
Viajar a La Paz en los camiones Águila era una verdadera odisea, 12 horas o más de brechas malas, peor aun cuando llovía, había que traer en el carro parches, espátulas, gato y crucetas para desponchar las llantas, palas, hachas, picos, talachos, machetes y mecates, siempre los ocupabas. Me toco viajar con Fabián Ojeda QEP, un próspero comerciante de Miraflores que transportaba mercancías en un camión de redilas donde traía trabajos de talabartería, dulces regionales, quesos, carne seca, panocha y en ocasiones fruta de la estación (mangos criollos), pieles curtidas etc., y de La Paz para allá granos básicos como café, arroz, frijol, manteca, azúcar, telas zapatos, brillantinas, agujas, hilos, telas, gasolina, aceite para motor, parches, cámaras de llantas, petróleo y tractolina, era obligado viajar con lonche y agua, eran muchas horas de camino.
En ese tiempo conocí al “Brujo”, un trabajador de don Ernesto Arámburo Saavedra que surtía de mercancía apoyado con dos ayudantes todos los changarros y tienditas desde El Rosarito hasta La Ribera, un verdadero misionero. Al “Brujo” lo conocí desde que yo era niño y hace apenas tres días que supe colmo se llamaba, Ernesto Mercado QEP, esto porque le pregunte a René Holmos.
Nunca se me olvida cuando me mandaban a la tienda del Canuto, la única que había en Caduaño, de Alejandro Castro Montaño QEP, mejor conocido como Canuto, era el único que tenía refrigerador de petróleo que vendía hielitos (Kool Aid), la chabela Montaño, su esposa, hacía pan en el horno, vendían queso y café a los rancheros que se abastecían de lo básico en la tienda, seguido escaseaba los productos, simplemente se acababan, el Canuto a manera de excusa nos decía, “no ha venido el Brujo”, el Brujo iba una vez a la semana con mercancía recorriendo todos los changarritos en la zona rural del norte de La Paz, desde El Rosarito hasta La Ribera.
Apenas comenzaba el turismo, había solo tres hoteles en Los Cabos; Hotel Punta Palmilla, Punta Chileno y Hotel Hacienda en Cabo San Lucas, que junto con la empacadora de atún de Elías Pando en Cabo San Lucas empleaban gente local, otros se dedicaban a la agricultura casi a nivel de autoconsumo, la ganadería y cortar postes de madera, leña y varas de palo de arco, no había trabajo, cada año en los días de semana santa trabajaba un trapiche (molino) donde molían caña y hacían dulce como melcochas, panochas de gajo, miel de dedo, panocha con queso, panocha con chocolate, panochas cubanas que las vendían en el mismo trapiche y si quedaban excedentes los exportaban para el estado de BC en cacaixtles de vara trabada protegidos con hojas de palma verde y bagazos de caña, eran embarcados en Punta Palmilla al igual que ganado en pie, quesos, pieles curtidas, dulces regionales, mangos y tomates.
Recuerdo personajes de ese tiempo como don Ernesto Arámburo, Fabián Ojeda, Abel Olachea, el profesor Arturo Guerrero, La Pichucha, Panza de Leon, El “Farey”, Nino Acevedo, “Roqui”, Juanito Castro, Álvaro de la Peña, Moncha Miranda, “Cálate león”, Chavela Monges, Chilolo, Nina Ruiz, Rafael Marrón, Saturnino y Martin Miranda, Cariruga entre otros.
A finales de los 60’S casi en 1970, introdujeron el agua potable en Caduaño, no había tomas domiciliarias sino que construyeron hidrantes (tomas de agua) estratégicamente en cada equina, después vendría las luz eléctrica y con ello los abanicos, televisiones, refrigeradores y las panchas eléctricas, había mucho atraso pero éramos felices, pase mi infancia parafraseando a Ortega y Gasset, “de acuerdo a mis tiempos y mis circunstancias” de lo que me siento profundamente orgulloso de ver conocido esos tiempos de escaseces, falta de trabajo, de malas comunicaciones etc., que forjaron nuestro temple y carácter indómito. ¡Qué tal!
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