Por Víctor Octavio García
Mis tiempos
Isidro Ruiz y sus ocurrencias
Desde hace más de 30 años he sido compañero de Isidro Ruiz en sus andadas y acampadas en el monte, buen amigo nomás que muy ocurrente, se le vienen a la cabeza cada idea que ¡Dios guarde! Hace unos años decidimos pasar un fin de semana en El Aguajito de Moreno con el “Prieto” Sosa, seguido lo hacíamos, nos guastaba ir mucho pa’ allá, disque a tirar estrés, en esa ocasión agarramos brecha desde el viernes en la mañana, el lunes era día feriado y pensábamos regresarnos hasta el lunes; compramos la despensita que siempre le llevábamos al “Prieto”, cinco kilos de costillas para asar, tres chopas y dos cochitos enteros y mucha verdura y tortillas, de las dos, así que llegamos temprano al rancho, los fogones de la cocina se veían muy tristes , el día se sentía sofocado, no corría nada de “aígre”, era en tiempos de lluvias, había llovido mucho, el quelite estaba alto, más de medio metro, comenzaban a reventar una que otra pitahaya agria y había una que otra cirguela del monte; después de tomar café y partir una cuajada recién hecha se le puso al Isidro ir a dormir a “La Antena”, en la parte alta de la sierra que colinda con “El Sauzoso”, sin bajar del carro nos llevamos la hielera donde llevamos las costillas y los pescados enteros, subimos suficiente agua para tomar y para el uso, un par de sartenes, la parrilla, la calentadora y jarra para colar café, café molido y azúcar, tortillas y algo de verdura, cada quien llevamos una almohada y una colchoneta de las que da protección civil en época de huracanes, el “Prieto” no llevo, en lugar de una colchoneta llevaba un costal de yute donde empacan café, dos faroles, un par de tubulares para hacer sobra, un foco de mano, el 30.06 y una lona.
En la cima, en un limpio con vista a la antena, al cerro de Carlos y a La Paz, levantamos la sombra, limpiamos el quelite que tenia de más de medio metro de alto, juntamos leña, buena leña, bajamos la hielera y los “tenidos”, la tarde seguía sofocada, no corría nada de viento, ya que comenzó a oscurecer prendidos los faroles y los colgamos sobre el tubular y tendimos, el “Prieto” que no llevaba colchoneta bajo el costal del yute y lo tendió sobre el tronco de una uña gato, asamos costillas de res, no todas, picamos verdura, calentamos tortillas y colé café, no jugamos malilla porque nos hizo falta un jugador, éramos, tres, así que nos fuimos temprano a los tendidos, donde tendió y durmió el “Prieto” en un costal de yute parecía que era un escondite de zorrillo, echo bolas, como se acostó se levantó otro día, al acostarme me desconecté del mundo pagano al quitarme los aparatos auditivos, quede totalmente sordo, esa noche dormí plácidamente, cuando me levantaba a orinar le arrimaba leña a la lumbre, al día siguiente ya que me puse los aparatos auditivos me platicaron Isidro y el “Prieto”, cuál más de los dos de mentirosos, que en la madrugada habían oído escuchar gritos de animales, deduciendo que en el cerro de Carlos un “lión” le había caído a una manada de burros mesteños, verdad o mentira, yo me quede con robustecidas dudas.
Ese día, sábado en la mañana, camine un rato para comer cirguelas del monte y buscar pitahayas agrias, a media mañana levantamos el “paraje” para irnos al rancho a asar las chopas y los cochitos, ya en el rancho cocimos huevos en el agua porque nos andaba llevando la chingada de hambre mientras se hacían las brasas para asar los pescados y picábamos verdura, el calor estaba más y mejor, después que comimos y me hizo la digestión me bañe en el pretil de la pila, así que quede como nuevo.
Asamos las tres chopas y los dos cochitos, no comimos las dos chopas y quedo una y los dos cochitos que desmenuzamos para la machaca, el domingo comimos machaca y de regreso nos trajimos unos burritos de pescado de lonche, un fin de semana muy a gusto, haciendo lo que nos gusta, desde hace tiempo traigo perdido a Isidro, prácticamente desde que se hizo morenista, ya no me habla y ni me invita a salir, así ha sido siempre, cuando fue perredista se alejó de mí, solo me procura cuando anda valiendo madre, buen amigo, para mi es sin igual, tengo 26 años que no militó en ningún partido, milité muchos años en el PRI y me siento orgulloso de haberlo hecho, hoy votó por el candidato o la candidata, no por el partido, mis convicciones y forma de pensar están a salvo, siempre lo he hecho así, y no voy a cambiar, “chango viejo no aprende maromas nuevas”.
Con esta entrega iniciaré un nuevo capítulo en mis relatos y anécdotas, reconoceré humildemente con el corazón en la mano a todos aquellos con los que he convivido en mis andanzas y “parajeadas” en el monte, son varios, siempre hay y habrá una anécdota que contar. Salud.
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