Por Víctor Octavio García
El Tavo fa fa fa
En menoría de mi papá Félix Octavio García Collins, que en paz descanse
Tengo varios días soñando a mi papá, Félix Octavio García Collins, algo me quiere decir, seguido lo visito en el panteón pero últimamente me he pasado de tueste y no he ido. Recuerdo que me decía teniendo problemas muy serios del corazón; “Víctor he vivido muchos años, pero quiero vivir más”, el 18 de noviembre de 2002 murió, a los 68 años de edad, en la Cdmx dando la lucha, muy joven.
Hoy me referiré a de sus anécdotas que me compartió en vida de su infancia y de las limitaciones que enfrentó, allá por 1946, a los escasos 11 años cuando comenzó a trabajar la talabartería.
Imaginarse Caduaño en ese año cuesta trabajo hacerlo, ahora vivirlos, peor. No había trabajo ni dinero, comían cuando había y lo que había, existían muy malas comunicaciones, no conocían los radios, escaseaba todo y era difícil de conseguir, más de las veces comercializaban entre ellos haciendo trueques con lo que tenían, lo que se producía era para el autoconsumo, no había demanda de nada y el dinero escaso, en repetidas ocasiones se fue a la cama sin probar bocado en todo el día.
En los meses de abril y mayo, cuando florecen los caribes, iba a juntar semillas que tostaban y usaban como sustituto de café, el café era escaso y caro, en diciembre juntaban bellotas para hacer atole, el café o té lo endulzaban con panochas cubanas, no se conocía la harina de trigo, en la mayoría de las casas en un fogón de las hornillas siempre había una olla de barro con nixtamal y un metate para hacer tortillas de maíz, no se conocían los condimentos, mi abuela los preparaba lo que mi papá les llamaba “las agüitas sucias de nina Cota”, el que tenía un par de zapatos era rico, usaban huaraches de hules de llanta con correas de baqueta, las camisas y los pantalones eran de manta, no se conocían los Levis (liva´ys), en las primeras lluvias comían verdolagas con granos de fríjol sancochado, frutas solo las que se daban en la estación, cuando a alguien veían con zapatos le preguntaban “traes la gripa o vas pa´ San José”, tiempos muy difíciles.
Mi bisabuela Enedina Cota (conocida como nina Cota) que crío a mi papá, trabajaba de cocinera con los Castro, una de las familias pudientes en esa época porque tenían huerta, ganado, borregos, gallinas, guajolotes, amén de una hija profesora y el hijo mayor eterno subdelegado de gobierno de Caduaño daban dos comidas al día; en la mañana y en la tarde, el menú no variaba mucho de ser arroz con frijol o frijol con sopa, muy a la larga comían carne, verdura cuando había en las huertas. Al terminar su trabajo en el día, ya por la tarde, mi bisabuela se llevaba en un bote de aluminio lo que sobraba de comida a su casa que repartía con mis tíos y mi papá, y si bien les iba, hacía un té de hojas de limón o hervía los asientos del café endulzados con panochas cubanas.
Mi tío Loreto García, tío de él y él trabajaban la talabartería haciendo sillas de montar, bolsas, fundas de pistola, rifles, machetes y cintos, mi bisabuelo Ildefonso García tejían riendas y cabestros, todos los sábados muy temprano, al despuntar el alba en dos burritos llevaban los trabajos de la semana a Fabián Ojeda, en Miraflores, con lo que les pagaba compraban lo básico; arroz, café, frijol, manteca, maíz y si les sobraba un pedazo de tela para hacer un vestido, una camina o unos pantalones, una glostora (brillantina), y si bien les iba un par de zapatos, regresaban a Caduaño al oscurecer, a esa hora mi bisabuela les preparaba comida, de lo que llevaba, porque en la alacena no había nada. Fueron tiempos muy difíciles, muy complicados que alcance a conocer en 1965, cuando aún no había los cambios y avances que hoy conocemos.
Los Castro, familia pudiente, tenían ganado y ordeñaban, me platicaba mi papá que varias veces fue a ordeñar vacas en la madrugada y se robaba la leche, ellos no tenían ganado, los roba-leche eran varios, los Castro tenían los corrales enfrente de la casa y antes de que se levantan, todavía oscuro, “huachicoleaban” la leche, una madrugada, de una noche sin luna, andaban ordeñando prácticamente a “tientas”, dice que la primera vaca de tentó se le fue directo a las ubres para ordeñarla, agarro supuestamente la teta de la vaca y comenzó a exprimirla y nada y dijo, “que dura tiene la teta esta vaca”, del otro lado de la vaca le contesto una voz, “soy yo”, era Ruiz, un señor mayor que también robaba leche al igual que mi papá y muchos más.
Era épocas de muchas carencias y limitaciones, se la ideaban para conseguir algo de comer, lo mismo pasaba en las huertas donde robaban aguacates y buscaban nidos de gallina en los pajales, si bien les iba criaban un “cochito” que mantenían con ramas y frutas de las huertas y algo de lavaduras
Mi papá tenía su “metalito” (carácter) muy diferente a mí, siempre lo admire, fue mí guía y aprendí de él, era mi ídolo, la casa de mi familia aquí en La Paz quedo intestada porque siempre me opuse a arreglar los papeles, pensaba que nunca se iba a morir. Buen padre, muy galán como Mauricio Garcés, siempre me he sentido orgulloso de él por su forma de ser y sus aptitudes, en lo suyo siempre fue bueno; buen talabartero, buen cantinero, de un gran corazón, muy amigable y empático, pachanguero, alegre y pisteador, buen sudcaliforniano como hay muchos, buen padre, de buena nacencia que vivió sus tiempos como él quiso, con bajas y altas, satisfacciones y decepciones, limitaciones y buenos tiempos, ora sí que como decía Ortega y Gasset “sus tiempos y circunstancias”, Vayan estas modestas y sinceras líneas como un reconocimiento póstumo al Tavo fa fa fa. Descanse en paz.
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