Por Víctor Octavio García
Mis tiempos
En memoria de mi apá, Félix Octavio García Collins QPD
En los aguacates
1965 o 1965, no recuerdo exactamente el año, fue un año excepcional en Caduaño, hubo mucho aguacate criollo -de los pescuezones-, en ese tiempo no se conocían los aguacates hass, las matas echaron tantos que hubo algunas que se les quebraron los brazos de tan cargadas que estaban, mi papá trabajaba en el hotel Punta Palmilla, en San José del Cabo y le platicaron, recuerdo que acaba de comprar un pick Ford 1959, cleam, me gustaba mucho porque en las puertas tenia pintado un venado, los aguacates no tenían mercado, eran para el autoconsumo, la palomilla habló con él para que les consiguiera venta en San José del Cabo y en el hotel, mi papá no era comerciante pero si muy solidario, les dijo se los voy a comprar todos, dénmelo un precio accesible y que no estén golpeados ni mallugados, la palomilla no tenían huertas y las huertas si tenían dueño, como nadie los cortaba se perdían en las huertas, de ahí que la palomilla se las ideaba para robárselos, el problema era que eran matas muy altas, matas muy viejas, y había necesidad de dos o más cortadores; uno que se subiera a la mata y los otros que los cacharan para que no se golpearan.
A los tres o cuatro días le avisaron que ya tenían los aguacates, no recuerdo bien a bien si eran 8 o diez costales, bonitos aguacates, algunos pesaban más del kilo; pesaron los aguacates y se los pagó mi papá, otro día hizo viaje para La Paz para traerlos a vender, invito a José Lucero, conocido como “José burro”, era su ahijado aunque no mucho menor que él, casi eran de la misma edad, y yo, la carretera estaba recién construida y era un desafío manejar por algún choque o volcadura, la gente le tenía respeto, manejar en carretera era de hombres experimentados y valientes, nos trajimos los aguacates y una balancita (robadora) que le prestaron a mi papá y bolsas de papel para venderlos kileado, en ese entonces no se conocían las bolsas de plástico, la idea de mi papá era venderlo kileado en las colonias.
Al llegar nos fuimos directo a la colonia Los Olivos, en ese entonces La Paz no estaba tan poblada, buscamos una sombra en la calle para protegernos del sol y proteger los aguacates y comenzamos a gritar a pulmón abierto ¡aguacates!, ¡aguacates!, ¡aguacates!, comenzamos a vender, espaciadamente, pero salían, ya que veíamos que no íbamos a vender nos cambiábamos de lugar, se vendían muy lentamente pero salían, el segundo día a pie, casa por casa los comenzamos a ofrecerlos, también nos instalamos en la zona más poblada de la colonia Guerrero y en el barrio de El Choyal, el tercer día, el ultimo días nos vimos apurados porque los aguacates ya habían madurado, tres días de vendimia, nunca supe cómo le salieron las cuentas a mi papá, aunque los vendimos todos, después no quiso comprar y vender aguacates por más “baratos” que se los dieran, algo pasó pero no dijo nada.
Yo tendría 8 o 9 años, cursaba el tercer año de primaria, fue unas de mis primeras experiencias que recuerdo con mucha nostalgia, fue como comencé la dura etapa de convertirme en “ciudadano del mundo”, en un tratamundo que con el tiempo me convirtió en un descamisado, esta experiencia primeriza en las que abreve en mis años mozos, de que me siento profundamente orgulloso, me serviría, años después en la “wuateada” y en otras actividades que he desarrollado como vender queso de chiva, miel de abeja, dulce de leche, mantequilla de chiva entre otras.
Tampoco soy comerciante, mucho menos coyote, lo hago para apoyar a otra gente, ser solidario y porque me gusta hacerlo, son lo que llamo “cortes nacionales” que frecuentemente hago y si Dios me lo permite lo seguiré haciendo, en la vida hay que tratar de ser útil, no quedarse con las brazos cruzados y con el Jesús en la boca, de ahí que seguido replique una expresión muy conocida de doña Loreto Almaraz QEPD, “yo si no hago nada no puedo comer”. ¡Qué tal!!
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