Dices que “ya no te importa”…pero lo stalkeas.
Por: Psic. Miguel Negrete Gil.
IG/FB: @psic.miguelnegrete
Hay una contradicción moderna que merece su propio diagnóstico emocional: decir “ya no me importa” mientras sabes perfectamente a qué hora se conectó, qué subió, con quién salió y hasta qué canción puso en su historia. Porque claro, no te importa…pero ahí estás, revisando “rápidamente” su perfil por quinta vez en el día.
Y no, no es que seas “intenso”. Es que estás atravesando un duelo…versión siglo XXI.
El famoso “stalkeo” no es solo chisme digital o aburrimiento. Tiene una función emocional muy clara: mantener un vínculo, aunque sea unilateral. Es una forma de seguir conectado sin exponerte, de saber sin preguntar, de sentir que no has perdido del todo a esa persona.
Porque mientras sabes algo de su vida, la ausencia no se siente tan definitiva.
Desde un enfoque cognitivo-conductual, esto tiene mucho sentido. Según Beck (1979), nuestros pensamientos, emociones y conductas están profundamente conectados. En este caso, el pensamiento “solo voy a ver rápido” activa una conducta (revisar redes), que a su vez dispara emociones (ansiedad, nostalgia, celos), reforzando el ciclo. Es decir, no es casualidad, es un hábito que se va consolidando. El problema es que ese “a medias” confunde.
Porque mientras una parte de ti intenta avanzar, otra sigue alimentando la conexión. Ves que publica algo y automáticamente interpretas, comparas, supones. “Se ve feliz”, “ya está saliendo con alguien”, “ya me olvidó”. Y sin darte cuenta, estás construyendo historias que no necesariamente son reales, pero sí muy dolorosas.
Y aquí viene la parte incómoda: muchas veces no es que “no te importe”. Es que no quieres aceptar cuánto te importa todavía.
Decir “ya no me importa” funciona como un escudo. Te protege del juicio, del propio y del ajeno. Te permite mantener una narrativa de control, aunque por dentro haya curiosidad, nostalgia o incluso esperanza. Porque sí, a veces el stalkeo no es solo para ver, es para
encontrar algo que te confirme que aún hay algo ahí.
Pero spoiler: casi nunca pasa.
Lo que sí pasa es que te quedas atrapado en una especie de limbo emocional. Ni estás en la relación, ni estás completamente fuera. Ni avanzas, ni sueltas. Solo observas.
Y aunque parezca inofensivo, ese hábito tiene un costo: prolonga el proceso de duelo. Desde la terapia cognitivo-conductual, sabemos que evitar el cierre (por ejemplo, manteniendo exposición constante al estímulo emocional, como el perfil de tu ex) impide que el cerebro procese la pérdida de forma saludable.
Entonces no, no se trata de prohibirte sentir curiosidad. Se trata de ser honesto contigo: ¿esto me ayuda a cerrar el ciclo o me mantiene enganchado?
Porque superar a alguien no siempre empieza por dejar de extrañar. A veces empieza por dejar de buscar.
Y sí, puedes seguir diciendo “ya no me importa”. Pero tal vez el verdadero avance no está en repetirlo, sino en que, poco a poco, empiece a ser cierto.













