¿Por qué algunas personas coquetean aunque no quieran nada contigo?
Por: Psic. Miguel Negrete Gil.
IG/FB: @psic.miguelnegrete
Te ha pasado. Me ha pasado. Nos ha pasado: te escribe todos los días, te hace cumplidos, busca cualquier pretexto para hablar contigo y hasta parece molestarse cuando alguien más te presta atención. Obvio comienzas a pensar que le gustas, entonces un día decides preguntarle qué está pasando y recibes una respuesta maravillosa: “Ay, no confundas las cosas. Yo solamente soy así”.
a, perfecto. Disculpa por interpretar las señales de humo como un incendio.
¿Por qué algunas personas coquetean cuando aparentemente no tienen ninguna intención de establecer una relación? La respuesta es bastante menos romántica de lo que imaginamos: porque coquetear no siempre significa querer conquistar a alguien. Punto.
A veces coqueteamos por diversión, curiosidad o para explorar si existe atracción. Pero también puede haber otra motivación: comprobar que seguimos siendo deseables porque descubrir que le gustamos a alguien puede resultar gratificante, incluso cuando esa persona no nos interesa particularmente.
Es como recibir una invitación a una fiesta a la que jamás pensamos asistir, pero sentirnos ofendidos si dejan de invitarnos, y desde la psicología social resulta importante comprender que nuestras expectativas amorosas no siempre coinciden. Rodríguez Morales (2019), en una investigación publicada en Estudios Sociológicos, explica cómo entre jóvenes de Guadalajara conviven distintas concepciones del amor y la sexualidad, generando contradicciones entre lo que las personas esperan, expresan y hacen dentro de sus relaciones.
Esto permite entender por qué una misma interacción puede adquirir significados diferentes: mientras alguien interpreta el coqueteo como una posibilidad romántica, otra persona puede vivirlo simplemente como un juego social (sí, leíste bien: juego).
Sin embargo, conviene aclarar algo: no todas las personas que coquetean sin buscar una relación están manipulando al otro, algunas disfrutan de la interacción, otras exploran sus sentimientos y algunas tienen estilos de comunicación que pueden interpretarse como insinuaciones románticas. El problema comienza cuando alguien sabe que la otra persona está desarrollando expectativas y mantiene deliberadamente la ambigüedad para continuar recibiendo atención…y aquí es donde la puerca tuerce el rabo.
Entonces aparece una pregunta incómoda: ¿realmente me interesa esa persona o solamente me interesa gustarle?, porque no es lo mismo disfrutar de la compañía de alguien que necesitar comprobar constantemente que seguimos siendo atractivos, interesantes o deseables.
Pero ojo: también existe responsabilidad del otro lado. Que alguien nos haga cumplidos, nos busque o sea especialmente cariñoso no garantiza que quiera una relación, a veces interpretamos las señales desde nuestras propias expectativas y confundimos atención con compromiso, por eso, cuando las señales resultan contradictorias, una conversación clara suele ser mucho más útil que convertirnos en detectives de cada mensaje, emoji o mirada.
Al final, coquetear puede ser divertido, espontáneo y perfectamente legítimo, lo importante es reconocer cuándo estamos compartiendo un juego y cuándo estamos jugando con las expectativas de alguien.
Porque hay personas que no quieren una relación contigo, solamente quieren saber que, si quisieran, podrían tenerla, y eso, querido lector, no siempre es amor.
A veces es el ego pidiendo aplausos.













