Por Víctor Octavio García
Mis tiempos
* Amanecer en el Primer Bosque
Hace dos años recibí el día en El Primer Bosque, fue una mañana agradable que me revivió apagadas nostalgias de mis tiempos mozos. Como de costumbre me tendieron una cama de lías en el corredor, noche tranquila de luna llena y algo de frio en la madrugada, era en temporada de mangos, un día antes habíamos arribado al rancho invitado por mi amigo Jorge Luis Reyes Amador y su mamá, María Amador, ese mismo día bajaríamos de la sierra a San Evaristo por pescado, pescado que nos tenían los Cuevas –emparentados con los Amador de El Primer Bosque- de la isla de El Pardito. Desayunamos una rica machaca de res con papas, fríjoles refritos, tortillas de harina y café de grano. Felipa Amador, la mayor de la familia y cocinera designada, es de las que se levanta a las cinco de la mañana, tiene muy buen sazón. Esa mañana me quede un rato en la cama disfrutando el triste cantar de una paloma pitahayera que se posó en un horcón del cerco de la casa, los bramidos del ganado y las chivas hacían perfecta sintonía con la llegada de un nuevo día.
Después de desayunar Jorge Luis, Mauricio y un servidor agarramos brecha con la brújula puesta sobre San Evaristo, la tierra del “Tete” Amador, bajar la sierra siempre nos llevó un par de minutos, muy mala la brecha, la pasada del portezuelo casi intransitable, llegamos a buena hora a San Evaristo donde saludamos a viejos amigos y esperar en la orilla de la playa el arribó de la lancha de El Pardito que traía el pescado, mucho y variado pescado de escama, ya que cargamos el producto en un par de hieleras tomar de nuevo la brecha al Primer Bosque, ese mismo día Mauricio sacrificaría un borrego que dejo amarrado en los corrales, subir la sierra hasta llegar al Portezuelo, que en la parte más mala del camino, fue sin contratiempos, prácticamente a vuelta de rueda, arribamos al Primer Bosque a buena hora para que Mauricio le quitara el uniforme al borrego que prepararon para el almuerzo, bajamos las hieleras con el pescado que salarian y podrían al sol, lo que pudieron guardaron en un refrigerador de corriente fotovoltaica, Mauricio que es experto con el cuchillo en menos de media hora tenia beneficiado el borrego por piezas colgadas en cogollos de palma sobre las vigas del corredor. Esa tarde almorzamos borrego frito con frijoles, tortillas de harina y salsa tatemada que prepare en el molcajete con agua natural de limón, muy buen almuerzo, se la rifaron Felipa y María en la cocina donde siempre hay rejuego, al día siguiente Mauricio rendiría dulce de mango.
Esa tarde visité la huerta distante de la casa a menos de cien metros, muchos árboles frutales en plena producción; naranjos, toronjos, limas chichonas, mangos, aguacates, limones agrios y dulces, naranjas amargas, granados, parras y duraznos. El rancho se ubica sobre la ladera de la sierra de El Coyote, en el verde cañón de La Purificación, a un lado del arroyo y de la brecha que va al Bosque, la imponente sierra enfrente le da un toque especial al paisaje con sus acantilados, los corrales enfrente de la casa, es un ancón tupido de mezquites centenarios que han sobrevivido a los que hacen carbón, me llamó ver los gigantescos mezquites en pie, los viejos corrales llenos de bullingas de chiva y ganado, precioso rancho sudcaliforniano donde hace patria la familia Amador; Felipa, María, Lucia, Mauricio, Juan, Guadalupe, Venustiano y el benjamín de la familia, Jorge Luis Reyes Amador, todos ellos de buen trato, agradables y amables, son mis anfitriones en mis “parajeadas” en el Primer Bosque, a quienes les agradezco profundamente sus atenciones y confianza.
Un día antes de mi regreso a La Paz después de pasar tres agradables días en El Primer Bosque, Mauricio se puso a rendir dulce de mango en un cazo de cobre, vieja tradición que le dio fama a La Purificación en los años del 50 y los 60’ S, todavía rinden pero a baja escala al igual que vino artesanal o misional, me gusta visitar la zona serrana del norte de La Paz porque aún se conservan estas tradiciones que en la mayor parte del estado desaparecieron merced a la modernidad al ferozy despiadado avasallamiento que hemos sufrido y padecido desde hace años, mi regreso a La Paz al tercer día de mi estancia en El Primer Bosque resulto demasiado generoso; dulce de mango, queso de chiva, pulpas de pescado seco, duraznos, limas chichonas y mangos, con la amenaza en ciernes de “volver luego”, de esto han pasado dos largos años y el “volver” al Primer Bosque aún no se ha cristalizado, espero que en los próximos días se concretice dependiendo de mi salud. Un saludo afectuoso a la familia Amador de El Primer Bosque. ¡Qué tal!
Para cualquier comentario, duda o aclaración, diríjase a [email protected]













