De consejos para ligar al odio: ¿qué está pasando en la manosfera?
Por: Psic. Miguel Negrete Gil.
IG/FB: @psic.miguelnegrete
Todo puede comenzar con algo bastante inocente. Un hombre joven termina una relación, ha sido rechazado varias veces, se siente solo o simplemente quiere aprender a relacionarse mejor y busca en TikTok o YouTube algo como “cómo tener más confianza con las mujeres”.
Entonces aparece alguien diciéndole: ve al gimnasio, trabaja en ti, deja de buscar aprobación, cuida tu dinero, aprende a tolerar el rechazo.
Hasta ahí, nada particularmente alarmante, ¿verdad? Pero sigue viendo videos y poco a poco el mensaje puede cambiar por cosas como:
– Las mujeres solamente buscan hombres con dinero.
– El feminismo perjudicó a los hombres.
– Mostrar emociones te hace débil.
– Una pareja intentará controlarte si se lo permites.
– Los hombres han perdido su lugar y necesitan recuperarlo.
Bienvenido a la manosfera.
El término se utiliza para describir una red heterogénea de comunidades, creadores y espacios digitales que giran alrededor de determinadas ideas sobre los hombres, las relaciones, el feminismo y la masculinidad. Dentro pueden encontrarse desde comunidades de seducción y “red pill” hasta espacios incel y otros movimientos antifeministas.
Esto no significa que cualquier contenido sobre masculinidad, ejercicio, citas o desarrollo personal pertenezca automáticamente a la manosfera. Y esa diferencia importa porque decirle a un hombre que cuide su cuerpo, tenga proyectos, aprenda a manejar el rechazo o construya autoestima no tiene nada de malo. De hecho, probablemente necesitamos muchos más espacios donde los hombres puedan hablar de soledad, fracaso, sexualidad, inseguridad, tristeza y relaciones.
El problema comienza cuando alguien ofrece una explicación peligrosamente sencilla para todos esos malestares: “Tú no eres el problema. Ellas son el problema”.
Y psicológicamente podemos entender por qué una narrativa así puede resultar atractiva.
Cuando alguien se siente frustrado, solo o rechazado, encontrar una comunidad que diga “nosotros entendemos lo que te pasa” proporciona algo muy poderoso: pertenencia. Y si además esa comunidad ofrece un culpable claro, el mundo comienza a parecer un lugar mucho más fácil de explicar.
Una investigación de Renström y Bäck (2024) encontró que seguir a más “manfluencers” se relacionaba con mayores actitudes de deshumanización hacia las mujeres, especialmente entre hombres jóvenes. En experimentos posteriores, los investigadores encontraron que presentar a las mujeres y al feminismo como amenazas para el estatus masculino podía aumentar determinadas actitudes misóginas y de desconfianza, particularmente entre participantes que percibían haber experimentado rechazo por parte de mujeres.
Aclaro: esto no significa que ver algunos videos convierta automáticamente a alguien en misógino. Tampoco que todos los hombres que consumen contenido sobre masculinidad piensen igual. La investigación todavía tiene limitaciones y una publicación académica de 2025 señala que necesitamos más evidencia para comprender los efectos a largo plazo de la manosfera sobre los jóvenes.
Pero hay una pregunta que merece nuestra atención: ¿qué encuentran ahí que no están encontrando fuera?
Quizá alguien finalmente habla de su soledad, de sentirse rechazado, de no saber cómo relacionarse, de la presión por tener éxito, dinero, músculos, pareja y seguridad absoluta. Todos estos son problemas reales y merecen conversaciones reales, pero el riesgo aparece cuando esas vulnerabilidades se utilizan para vender resentimiento como si fuera autoestima.
Enseñarle a un hombre que las mujeres son manipuladoras no le enseña a relacionarse mejor con ellas, así como decirle que mostrar vulnerabilidad es debilidad no le enseña a manejar sus emociones. Y convencerlo de que el rechazo demuestra que el mundo está en su contra tampoco le enseña a tolerarlo, esto solo convierte problemas complejos en enemigos sencillos.
Por eso quizá responder a la manosfera no consiste únicamente en burlarnos de quienes entran en esos espacios, ya que si alguien encuentra ahí identidad, comprensión y pertenencia, ridiculizarlo difícilmente resolverá aquello que lo llevó hasta allí.
Necesitamos hablar con los hombres antes de que alguien más les venda respuestas fáciles, decirles que pueden sentirse solos sin odiar a nadie, que pueden sufrir un rechazo sin convertirlo en una teoría sobre todas las mujeres, que pueden ser fuertes y pedir ayuda y que pueden trabajar en sí mismos sin necesitar sentirse superiores a alguien.
Quizá la pregunta verdaderamente incómoda no sea cómo alguien pasó de buscar consejos para ligar a consumir discursos de resentimiento, sino preguntarnos quién estaba hablando con él antes de que el algoritmo hiciera lo suyo.











