Por Víctor Octavio García
Fernando León Amador
En 1966, Fernando León Amador peinaba si acaso los 17 años, ora sí que en la flor de la vida, de familias tradicionalmente de pescadores asentadas en el campo pequero Nopoló, Los Dolores y Los Burros, buen pescador y bragado como pocos, pescaba con su papá, el “Güero” León, muy conocido en la zona de Los Dolores y San Evaristo y con sus hermanos, tenía como hobby montar a caballo y recorrer ranchos hoy abandonados, seguido visitaba Los Llanos de Kakiwui donde su familia tenían mucha amistad con los Amador; Porfirio, Chencho, el Kirule, Chemala y Fabián, infinidad de veces se le hizo de noche y así cabalgaba, buen jinete, estaba joven en una edad que no te cansas, no te hambre, no te da sed, no te da sueño, en fin cuando te comes el mundo a puños.
Un día después de tender las redes le dio por ir al rancho “Háchame”, distante del campo pesquero de Nopoló entre 5 y 5 horas y media a caballo, ensilló el caballo y ¡fierros! pa’ “Háchame”, 5 horas y media de travesía, pasó todo el día en “Hácheme” donde se le hizo tarde, no llevaba foco, cuchillos ni armas, confiado en su caballo, varias veces había hecho la misma travesía en la noche sin ningún contratiempo, así que no se preocupó que se le hiciera de noche, en la noche paso por la casa de Porfirio Amador en Los Llanos de Kakiwui, estaba sola, por temporadas se iba la familia a vivir a “Palo Clavado”, al pasar por la casa sola se bajó del caballo para desentumirse y estirar las piernas para seguirle de nuevo hasta Nopoló, le esperaban 3 horas y media de cabalgar, le ajustó los cinchos a la montura y se subió al caballo, un caballo joven, manso y fuerte, y a darle pa’ Nopoló, apenas había dejado atrás los Llanos de Kakiwui se detuvo en un portezuelo para agarrar “aigre” y fumarse un cigarro sin bajarse del caballo cuando se pronto escucho entre el monte un grito, se sorprendió y le entrañó, se quedó un tato “camelando” para ver qué pasaba, de nuevo otra vez y otra vez, cada vez más cerca de donde estaba, ya que se dio cuenta que lo que gritaba era un “lión” (puma), le soltó la rienda al caballo, le pegó un par de espuelazos hasta que el caballo agarro velocidad de crucero, no paró hasta llegar a la cuesta para bajar a Nopoló, se apió del caballo y comenzó a cabestrearlo, la cuenta había que bajarla y subirla a pie, cabresteando la bestia, llegó a su casa pasada de la una de la mañana, una noche oscura y sin luna, amarró en un poste de los corrales el caballo, le “apió” la silla y las riendas, le puso agua y comida y el caballo no quiso tomar agua ni comer, se volteó hacia atrás viendo hacia el camino por done veía, a cada rato orejeaba y olfateaba, se veía nervioso, Fernando se esperó un rato para ver qué pasaba hasta que la bestia se tranquilizó, ya que se tranquilizó se fue para su casa donde todos estaban dormidos, no sí antes encerrar le caballo el corral. Esa noche no platico nada de lo que le había ocurrido porque todos estaban dormidos, se acostó.
Al día siguiente, como todos los días, se levantó temprano, tenían que ir a revisar las redes que habían dejado tendidas, se fueron a marea, en su casa tenían varias chivas que ordeñaban para la leche del café y hacer un queso para la familia, todos los días tenían que arrearlas después de la ordeña e ir a traerlas en la mañana, como de costumbre las arrearon, cerca de la casa o más bien de los corrales se toparon con tamañas “juellas” de “lión”, era un “lión” grande que lo vino siguiendo en la noche hasta escasos metros del rancho, el animal no llegó porque “ventió” los perros.
A Fernando León Amador lo conocí hace diez años en Los Llanos de Kakiwui donde ha sido mi anfitrión, buen amigo, casado con doña Yoya Amador de los Amador de Los Llanos de Kakiwui, hombre de mucho trabajo que hoy peina las 77 años de edad bien vividos y bien trabajados, tiene una vaquitas con las que batalla sobre todo en época de secas, he sido testigo de lo difícil que se las ve, desafortunadamente hoy casi no puede caminar solo con andadera, sufre mucho de la columna y de las rodillas, aun así no para, trae queso de chiva y de vaca de la zona serrana que le ayudo a vender “kileado”, él le hace la lucha, está esperando reponerse para comenzar a traer queso, son tres o cuatro meses de chamba, hoy están haciendo muy poco queso, la feroz sequía de hace tres años se le murieron muchas chivas y reses y este año, al igual que el año pasado gracias Dios que les ha llovido muy bien, lo que hace falta son chivas y reses. Vaya este humilde reconocimiento a mi amigo Fernando León Amador y su esposa, doña Yoya Amador por su sincera amista y las atenciones que me prestan cada vez que voy a Los Llanos de Kakiwuii, muchas gracias, que Dios los siga bendiciendo. ¡Qué tal!.
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