Por Víctor Octavio García+
* La caza del borrego cimarrón
A Christian García Martínez, en su cumpleaños. ¡Muchas felicidades!
Hasta el pasado fin de semana desconocía muchos aspectos de la caza del borrego cimarrón, tenía ciertas referencias, vagas e imprecisas sobre el tema. Como aficionado a la caza siempre me ha atraído este deporte o hobby, lo que vemos en televisión de las cacerías en África y en otras lugares son flashazos cuyos entretelones desconocemos más allá de lo que se captan en el celuloide. Este fin de semana conviví tres días con guías de las cacerías guiadas del borrego cimarrón en la sierra de El Coyote, quienes me compartieron no solo sus experiencias personales sino parte de ese enigmático mundo, así le llamaría, de una cacería de este tipo.
Inaccesible para cualquier mortal, el permiso o cintillo para abatir un borrego cimarrón adulto es de 45 mil dólares por ejemplar, estos se no venden en los Oxxos sino que son subastados en Estados Unidos, en las casas de subastas de Nueva York, este año solo se expidieron dos permisos, es decir dos borregos susceptibles de ser cazados: Todos los años el ejido Tepentú levanta un riguroso censo cinegético que da pausa para autorizar los permisos tanto del borrego cimarrón así como de venado, de venado expidieron permisos para 15 ejemplares machos adultos. En el caso del borrego cimarrón, es totalmente diferente porque involucra mucha gente y demanda mucha mayor organización.
Este año, de acuerdo al último censo que se levantó se contabilizaron 80 borregos cimarrones en la sierra de El Coyote entre hembras, crías y adultos, cada manada se conforma de 6 a 8 borregos liderados por un borrego dominante, un borrego reproductor que no alcance los 10 años, de 10 a 15 años que se consideran borregos viejos no aptos para reproducirse, la misma manada los aparta segregándolos andar solos, son ejemplares que fueron vencidos por otros borregos más jóvenes y apto para reproducirse que por su edad y estado físico, cansando y en ocasiones enfermos, esperan solo la muerte o ser presa de algún depredador, estos son los borregos que se designan para las cacerías guiadas cuya edad y valor cinegético se saca por el puntaje, es decir por el tamaño y las dobleces de las cornamentas.
Nunca coinciden dos cazadores a la misma vez, siempre uno con intervalos de quince días, los cazadores provienen mayoritariamente de Estados Unidos, veteranos del ejército, dueños de pozos petroleros, corredores de bolsas y en ocasiones congresistas que cazan por todo el mundo, también llegan cazadores franceses, rusos, ingleses, alemanes, suizos etc., normalmente vienen acompañados de uno o dos asistentes, un fotógrafo y un taxidermista, algunos llegan solos; normalmente arriban al aeropuerto de Los Cabos donde son recogidos por personal del ejido de Tepentú, desde que pisan tierras sudcalifornianas hasta que se van son atendidos hasta por el más mínimo detalle por personal que les asigna el ejido cuyos gastos corren por cuenta del ejido desde los traslados, comida, permanencia en el campamento base y guías; se les dan diez días para cazar, si en ese tiempo no cazan el borrego pierden el permiso, de acuerdo a las cláusulas del contrato se les permite un solo disparo en los diez días que dura la cacería, queda a criterio de los guías y del ejido autorizarles un segundo disparo, si fallan el segundo disparo les queda la última opción, si los guías o el ejido autorizan ellos abatan (cazan) el ejemplar.
Cinco días antes de que llegue el cazador los guías y las cocineras se concentran en el campamento base todo el tiempo que dura la cacería, cinco días antes para mapear (ubicar) las manadas de borregos, se contratan dos cocineras del lugar cuyo menú que prepararan es comida de la región; ensaladas, cremas, machaca de res, pescado frito, machaca de pescado, bistec, frijoles, frutas, queso de chiva y de vaca, arroz, carne asada, huevos, se les permite el descorche de una botella de su preferencia ya sea whisky, ron, tequila, vino, ginebra, etc., sí el cazador prefiere otra comida como un corte especial de carne, mariscos, algún embutido de importación etc., hay personal disponible que se traslada hasta a La Paz a surtir los pedidos, a los cazadores se les prepara “lonche” a las cinco de la mañana como burritos, empanadas, burritos de frijol con queso y jugos naturales de frutas de la estación, regresan de la cacería entre las cinco y seis de la tarde, hora que se les sirve la comida así como postres consistentes en dulces de la región de calabaza, guayaba, mango, camote, limón con queso de vaca y chiva, los guías y cocineras comen y duermen en el campamento base durante el tiempo que dura la cacería, todo los gastos corren por cuenta del ejido, a cada cazador le asignan 4 guías cuyo pago corre por cuenta del ejido; 10 mil pesos por cacería para cada guía durante el tiempo que abarcan cinco días antes que llegue el cazador hasta que cacé que pueden ser tres hasta diez días, dependiendo de la suerte y el tiempo.
El campamento base tiene una cabaña rustica, redondas como las que construyen las tribus Massái en África con cuatro recámaras, baño con sanitario inglés y regadera con agua caliente, cocina y comedor, las cocineras reciben un pago de siete mil pesos, se levantan a las tres de la mañana a preparar los “lonches” y la comida de la tarde tanto para el cazador como para los guías, designan personal para que presten primeros auxilios en caso de un accidente u otro imprevisto, se dispone de una unidad motriz (carro) para que lo que se ofrezca; el campamento base cuenta con energía alimentada por paneles fotovoltaicos.
Los recursos que ingresan al ejido una vez descontados los gastos que se realizan en las cacerías son repartidos en partes iguales a 83 ejidatarios. Hoy los ejidatarios han recuperado el control del ejido que durante muchos años estuvo en otras manos mangoneados por los seudo ambientalistas que cobran en la Sociedad de Historia Natural Niparajá, que hicieron y deshicieron con tierras, costas y playas empeñándolas y vendiéndolas fraudulentamente; ventas de permisos de caza e incluso de borregos cimarrones en pie que fueron trasladados a la Isla del Carmen, en Loreto, sin rendirle cuentas a nadie, hace tres años Narciso Gaxiola ganó la elección a contra corriente de los intereses caciquiles y corruptos creados que prevalecieron por muchos años cambiando drásticamente el curso de una historia de triquiñuelas y saqueos, actualmente Rodrigo Lucero Amador, un chavo echado pa’ delante, apoyado de un comité comprometido con los ejidatarios encabezan el comisariado ejidal de Tepentú. ¡Enhorabuena, muchas felicidades!, que el Señor los siga bendiciendo siempre. ¡Qué tal!.
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