Por Víctor Octavio García
Mis tiempos
* El “chivirito”
Con el mayor de mis afectos a Leonel Cota Montaño, primer gobernador de la alternancia y líder indiscutible de las izquierdas en BCS.
Antes de 1970 -recuerdo que aún estaba en primaria- por medio de mi papá QEP conocí un amigo de él que siempre había vivido en la sierra, se dedicaba a “campear” ganado mesteño y amansar bestias mostrencas, vivía solo en medio de la nada, él se asistía, muy huraño y reservado, nunca supe si tenía familiares ni exactamente de dónde era, había hecho el servicio militar en 1953 junto con mi papá aunque él era remiso, mayor nueve o diez años que mi papá, de ahí que por respeto a su menoría me reservo su identidad y el nombre del rancho hoy abandonado, murió en 1985 en la sierra, solo, de un infarto, lo encontraran dos días después unos “campeadores” que seguido lo visitaban, yo eventualmente lo visite hasta poco antes de su fallecimiento, aún estaba fuerte, quizás unos sesenta años, correoso, impuesto a la vida en la sierra, en lo profundo de la sierra.
Me gustaba visitarlo porque en época de mangos y de pitahayas me juntaba, me guardaba queso, carne seca de venado y miel de abeja, a mi papá lo quería mucho, de ahí las atenciones que siempre me daba cuando la visitaba, una zona preciosa que tras su muerte quedo abandonada, tenía poco ganado, un caballo, un burro en los que se movía y algunos chivos, hacía muy buen queso, nunca supe quién se quedó con los animales, recuerdo que cazaba puertos mesteños, preparaba chorizo y freía una carne de puerco muy sabrosa, él hacia tortillas y todos los quehaceres de la casa, tenía un “juncalito” de chíname de vara de palo de arco trabada con techo de palma y vigas de palma, vivía cerca de un arroyo donde tenía un “batequi” con el que abastecía de agua su casa y los bebederos de los corrales, cerca del “batequi” limpió un cuarto de hectárea donde anteriormente había unos mangos criollos, limones agrios y granados, sembraba uno o dos surcos de calabazas, elotes y fríjol de urimón que regaba sacando el agua del “batequi” a través de una rondanilla, en lo personal me gustaba ir, en veces me quedaba a dormir allá escuchando la “boruca” de las lechuzas en la madrugada, el canto de los grillos en la noche, el aullar de los coyotes y en la mañana el canto de las palomas pitahayeras. Tenía un perrito que tuteaba como el “chivirito”, parecía perro chihuahua pero no era, muy bueno para el monte, ladrador y muy sentidor, se apoyaba con él para “pillar” el ganado y las bestias e incluso para perseguir venados y “cochis” mesteños, pese a su tamaño, demasiado chiquito, tenía la gracia de prendérsele del hocico a los animales hasta que los tumbaba en la tierra, su nombre de “chivirito” me imagino que era en referencia unos pajaritos que hay, lo más diminutos que conozco después de los “chupamirtos” (chuparosas).
En ese tiempo estaba chavo, no valoraba la vida como ahora, todo lo veía como cosa de rutina, aun así conservo vagos recuerdos de tiempos idos que no volverán, fueron tiempos de la dolce vitta que pasaron porque tenían que pasar, nada es estático en esta vida, ni siquiera la pobreza. Desde entonces no he vuelto al rancho, he andado cerca pero no he llegado, me da mucha tristeza ver ranchos abandonados que conocí prósperos en mis tiempos mozos, la triste historia que se repite en cada rincón de BCS por falta de políticas públicas dirigidas a nuestros rancheros y en el especial al campo a y los campos pesqueros, no hay apoyo de ningún tipo, están totalmente abandonados, estos desde hace mucho años aunque en los últimos años el problema se ha recrudecido como nunca por gobiernos insensibles ajenos al sentir de su gente. Hasta aquí mi colaboración de este día, no quiero ponerme nostálgico ni triste porque un día como este, pero de 1999 ¡ganamos en BCS!. ¡Qué tal!.
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