Por Víctor Octavio García
Mis tiempos
* A cuatro años de tu partida Osvaldo. Descanse en Paz
En enero de 2020 decidí pasar unos días en Los Llanos de Kakiwui, invite a mi cuñado-compadre Beto Ojeda, el plan era pasar dos semanas allá socializando con mis amigos y amigas de esas remotas tierras, pese a que mi hermano Osvaldo García había contraído por segunda ocasión el maldito covid, siempre me fui; dónde parajeó no hay internet ni señal de teléfono, así que dos veces al día iba al rancho La Rabia de Jorge Amador, distante cinco kilómetros, a checar como estaba mi hermano, mi familia estaba al tanto de su salud y mi buen amigo Isidro Jordán presto a lo que se ofreciera, los primeros días mucha incertidumbre y preocupaciones porque los reportes que recibía me decían que tan presto se ponía bien o tan presto empeoraba, me gravaron un par de audios con su voz donde alentaba diciéndome que se sentía bien, días de mucha presión y preocupaciones; como la primera vez “capoteó” el mal pensé que la segunda vez saldría avante, mientras el gobierno echo pelotas con las vacunas declarando que las compararían por intermediación de la ONU y mil mentiras más, la realidad es que no había vacunas y la gente cayendo como palomas (muertas) por el maldito virus.
En la víspera de su deceso no pude dormir, ese día habíamos comido “sancocho” como la preparan en la zona serrana del norte de La Paz, seguramente me cayó pesado, se me inflamó el intestino grueso con un dolor agudo en la boca del estómago que no me dejaba en paz, tres días antes habían caído equipatas -lo que salvo el año en todo el estado- lloviendo tres días y tres noches sin cesar, menuda lluvia pero muy mojadora, no hacía frío pese a que era en época de frío, el espantoso dolor que no me dejaba en paz, en la madrugada decidí regresarme a La Paz para ver doctor, así que esperar que amaneciera, me sentía tan mal que ni café tomé, quise fumar y con la misma tiré el cigarro, estaban cayendo los primeros rayos del sol cuando llegó Jorge Amador avisarme que me estaban hablando de mi casa, que por favor me reportará, con la misma tome el pick up “andariego” para el rancho del Jorge para comunicarme con mi familia, de golpe y sin decirme agua va, Rosario mi esposa me dice que había muerto Osvaldo, para esto, cuando salí a reportarme con mi familia del rancho La Rabia, Fernando León y doña Yoya Amador, mis anfitriones en Los Llanos de Kakiwui, agarraron brecha con rumbo al rancho Banderitas a buscar pastillas que me mitigara el dolor, de ahí que regresé de nuevo a Kakiwui a recoger mis “tendidos”, cobijas y ropa, para agarrar brecha a La Paz, cuatro horas de brecha sin señal de teléfono sin saber qué diablos estaba pasando se me hicieron una eternidad.
Al llegar a La Paz, me informaron que habían incinerado a mi hermano, ahora había que buscar un doctor que me atendiera, recuerdo que ese día protestó Joe Biden como presidente de Los Estados Unidos, pese al hartazgo de los estadounidenses con el stablimenth heredado por los Obama y Clinton, ese día pero hasta en la noche pude ver un especialista usando de salvoconducto al Mundo Salgado tuve cita con el médico, me diagnóstico una severa infección en el intestino grueso, así que en medio del duelo por la muerte de mi hermano, a guardar reposo, tomar medicamentos y comer ligths; atoles y líquidos para que cediera la infección.
Como hoy, y desde hace tiempo no tengo quien me llore ni perrito que me ladre, ni quedar bien con nadie, construyó y escribo mis historias, las de mi familia y las de mis amigos, 46 años de ejercer este oficio del que me siento profundamente orgulloso, me han dado luz y sapiencia para narrar plasmando la realidad abstracta en mi realidad, la que uno construye para la posteridad, tarea a la que me he aplicado en los últimos años honrando así uno de mis mayores orgullos; ser sudcaliforniano, que si bien nadie me debe nada a nadie le debo nada, excepto seguir construyendo el estado que todos queremos; un estado donde se respete y aliente la pluralidad, el disenso, tolerante e incluyente para todos, libre de fobias, ideologías y de partidos que únicamente dividen y crispan nuestra sagrada convivencia. ¡Qué tal!.
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