Por Víctor Octavio García
Mis tiempos
* Mesa de “La Quelela”
A mis amigos…..
Caminar por la mesa de “La Quelela” siempre me ha resultado un ejercicio placentero, la mayor parte del año el clima es templado y algo frio sin llegar a los extremos; terreno particularmente plano, una que otra cañada, pequeñas lomas y ancones de tupida vegetación, cuando menos esperas “bota” un “hijuelachingada”, una zorra, coyote, tejón o gato montés, la vida salvaje en su más nítida expresión. He pasado horas observando el vuelo rampante de los cenzontles, el cadencioso caminar de las chureyas, el aleteo de las palomas pitahayeras, el silbido de una zorra o el “chillar” de las chicharras; quebrar el sereno y el roció de en la mañana al transitar por veredas de ganado respirando el rico e inconfundible olor de los san migueles, matacoras y los brazos secos de pitahaya mojados por el sereno es un disfrute único, placentero.
Gracias a estos flashazos o momentos irrepetibles he construido y forjado historias y relatos que comparto con ustedes, en esos ir y venir ha brotado el talento y la gracia que me han permitido por muchos años interrelacionarme con ustedes no con la frecuencia que quisiéramos, pero si en cada oportunidad que se nos presenta, aquí seguimos haciendo más con menos honrando la máxima de Ortega y Gasset, es uno y su circunstancia.
Para mí, más allá de una presunción oficiosa, la mesa de La Quelela” adquiere tonos especiales de gran significado, no tanto por la cacería sino por la atmósfera que se respira de absoluta y total tranquilidad. He “acampado” infinidad de veces y no deja de deslumbrarme el lugar como si no lo conociera, el hecho de agarrar energías y potenciliazar mis ánimos me han nutrido de “juerza” y creatividad para seguir haciendo cosas; varias veces en ese ir y venir he captado y retenido en el disco duro de mi mente buenas columnas y mejores relatos, entregas como le llamo que después plasmo en la computadora, dicho en otras palabras es una zona que me inspira como si se tratara de un lugar sagrado.
Hace tiempo que no la camino, y a como veo difícilmente volveré a caminarla, mis males se han recrudecido y las fuerzas disminuido, cuando pude lo hice y disfrute rememorando tiempos pasados que fueron moldeando mi carácter intrépido, huraño y estepario, el silencio y la soledad que me han acompañado durante los últimos años han sido de enseñanza permanente, justo donde la vida es y ha sido justa conmigo brindándole la oportunidad de disfrutar lo que siempre he buscado en esta árida tierra que es mi tierra.
La zona no tiene nada de especial excepto para un servidor; el estar cerca de la costa bañada por las brisas del pacifico donde los frutos del mar y el desierto se entrelazan en perfecta sintonía con la naturaleza generan una sensación muy especial, Umi, el mítico territorio de Umi en la zona serrana del norte de La Paz, es otro de los lugares donde percibo que me nutro de energía, una especie de energía inesperada que me irradian de nuevos bríos; ahí lo intrascendente cobra relevancia y lo trivial se torna vital, esencial como el aire que respiramos.
No obstante que la he caminado infinidad de veces desde hace más de treinta años siempre encuentro algo nuevo, una duna cercana a la costa, una brecha que no había visto o una nueva cañada, en unos de mis últimos recorridos me topé con un rancho que no había visto ni tenía referencias de él, fue un hallazgo circunstancial e inesperado, después de subir una loma y detectar una pequeña mancha verde en una hondonada fue como llegue al misterioso rancho ubicado en el centro de un ancón enmontado de mezquites, al principio pensé que estaba abandonado porque no había nadie ni señas de que hubiese gente, la casa rústica hecha con tarimas de madera, vigas de palma y tablas de cardón con techo de cartón negro al igual que la cocina, la cocina sin cerco (paredes), una hornilla sobre puesta en bloques de cemento, la casa y la cocina cercadas con maya ciclónica, dentro del solar cercado dos perros y un par de gallinas, tres tibores supongo que para el agua, y en el tronco de un guamúchil un lavadero, en el patio cercado de la casa, una brecha escasamente transitada que se conecta con el camino de El Conejo, fuera del solar cerca de la casa, un frondoso mezquite con una improvisada ramada hecha con postes de palo blanco y varas de flecha del indio, y una red de pesca de sombra, algunos filtros y embaces de aceite, un par de tubos de llantas y llantas viejas, lo que me hizo suponer que es donde guardan el carro, dentro del solar de la casa, en un tendero varias pulpas de pescado puestas al sol; me llamó la atención que los perros ni se inmutaron al verme, ni siquiera ladraron, solo movían la cola, no permanecí más allá de un par de minutos, tiempo suficiente para “mapear” el lugar, con la misma me regrese por donde venía, le comente a mis compañeros que andaban conmigo y nadie pudo darme razón del rancho, después de varios años sigue siendo un misterio para mí, nunca más he vuelto al rancho excepto en esa ocasión.
No es el primer rancho que conozco en mis caminadas, he conocido algunos e incluso he hecho amistad con los rancheros que en ocasiones visito, en la zona de Flor de Malva, en la misma costa del pacifico, en una ocasión me perdí, esa vez caminé casi todo el día hasta que llegue a un rancho justo a la hora de la comida, tenían sobre una mesa rústica de madera en el corredor una azafata de langostas fritas que estaban comiendo, llegué con un hambre de los mil demonios, nunca me invitaron y al no ver nada claro les pedí un vaso de agua, ya que tomé agua con la misma me regrese hasta dar con el “Pilarillo” y el “Vidorria” para desayunar y comer a eso de las cinco de la tarde, atún con galletas saladas sobre un costado de la brecha de El Conejo.
Conservo un sinnúmero de anécdotas inéditas que he disfrutado en mi auto retiro o franca retirada que hoy, con el pasar de los años me reviven recuerdos inolvidables, gracias a estas experiencias he construido una narrativa con todo una serie de errores gramaticales, algunos imperdonables, de mis “caminadas” y “acampadas” en el monte, mis malquerientes se ríen y mofan, tema que me tiene sin cuidado mientras a mis escasos lectores les guste y me distingan con su lectura me doy por bien pagado. ¡Qué tal!.
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