Por Víctor Octavio García
Gracias a la vida
Mi sordera
La sordera que padezco de tiempo atrás, -mal progresivo que cada vez se agrava más-, me ha permitido captar otra visión e impresión de la vida, quizás mítica pero más profunda y reposada; la soledad y el aislamiento, en mi caso, han sido de aprendizaje constante; no escucho audios pero escucho el latido de muchos sentimientos, dicho en otras palabras mi discapacidad auditiva es y ha sido de permanente enseñanza.
He ahí mi secreto de darle valor a la intrascendencia haciéndola trascendente; de transformar las trivialidades en temas de interés; la imaginación es creatividad y la creatividad es una oportunidad de transcender, y hay que aprender a trabajarla como lo hace un periodista con la opinión pública o un político con su discurso; el quid de todo esto es salir y abandonar el terreno plano de caras conocidas y lugares comunes, para llegar hacer lo que quieres ser.
Hoy hago un alto en el camino no para quejarme de mis limitaciones auditivas, sino para darle gracias al Creador de vivir y explorar otra percepción de la vida que sin mi añeja sordera sencillamente hubiese sido imposible captar, y así como las crisis son oportunidades para crecer mis males auditivos han sido una nueva oportunidad para entender, que más allá de terreno plano existen más y mejores paisajes que caminar y disfrutar.
Lamento sí, ser de lento aprendizaje, con una mente más ágil hubiese construido y producido mucho más de lo que hoy, a mis 67 años de edad, ha sido una escasa cosecha, al fin cosecha de granos sanos que van germinando por la vida (mis hijos); no me preocupa perder la gracia, me preocupa perder la oportunidad de hacer cosas.
Hoy me sentí con nostalgia y por eso escribo estas líneas, tal vez abstractas e inentendibles, pero sentidas en lo más profundo de mi ser; recuerdo mucho a mis padres y hermanos que ya no están aquí más que en mi marchito corazón, también recuerdo mi infancia, mi adolescencia, tiempos idos que no volverán, y doy gracias al Señor de tener salud, sueños y el deseo irrenunciable de seguir disfrutando los dones de la vida. Muchas gracias. ¡Qué tal!.
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